Alezzo: «A mí
me ha ido
bastante mal
con los
empresarios
teatrales. Por
lo general,
son un gran
problema».
"Generalmente, nunca sé muy bien por qué hago lo que hago. Mi vida siempre ha sido así", dice Agustín Alezzo, a raíz de la apertura de El duende, un pequeño espacio teatral de cincuenta butacas, ubicado en Avenida Córdoba 2797, junto al estudio donde el director dicta sus clases desde 1966. Allí se representa, desde fines de julio, la comedia dramática «Independencia» del norteamericano Lee Blessing, luego de una corta pero exitosa temporada en Andamio 90.
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«Para trabajar no necesito de una sala propia -agrega Alezzo- y, en general, las cosas que se me ocurren son para salas del circuito empresarial, no se ajustan a salas tan pequeñas. Abrí El duende más que nada para apoyar a la nueva camada de actores y directores.»
Mientras acompaña a Julio Chávez tres veces a la semana en las funciones de «Yo soy mi propia mujer», el director va avanzando en su proyecto de llevar a escena «La petición», del dramaturgo inglés Brian Clark (el autor de la obra sobre la eutanasia «Al fin y al cabo es mi vida» estrenada por el propio Alezzo en 1980). En principio, los protagónicos estarían a cargo de Duilio Marzio y Juana Hidalgo.
Periodista: Usted ya es toda una institución en el medio teatral. Por su escuela pasaron varias generaciones de actores y además ha dirigido a las más grandes figuras ¿No va a escribir sus memorias?
Agustín Alezzo: ¿Para qué voy a escribir mis memorias, si lo más interesante no se puede contar? Me han insistido mucho para que las escriba o para escribirlas conmigo, pero nunca me he resuelto a hacerlo. Es que si no son sinceras, no tienen sentido, y si lo son, hay que cuidarse mucho de lo que se dice.
P.: Podría hablar de sus montajes escénicos
A.A.: Mire, si usted cuenta la génesis de los espectáculos y las dificultades con las que se encontró, va a tener que referirse seguramente a situaciones que involucran a algunas personas de las que es mejor no hablar.
P.: Bueno, entonces cambiemos de tema ¿Lo sorprendió la buena repercusión de «Yo soy mi propia mujer»?
A.A.: Nosotros le teníamos mucha fe a este trabajo. Le dedicamos mucho tiempo y además yo veía lo que iba logrando Julio en los ensayos.
P.: Me refería a la obra en sí, la historia de un travesti que desafió todas las reglas y convenciones durante el período nazi no parece muy fácil de dirigir.
A.A.: Ah, sí. Yo desconfiaba un poco de la reacción del público, pero no lo comentaba para no ponerle mala onda al proyecto.
P.: ¿Cómo es Julio Chávez como actor?
A.A.: Tiene un rigor prusiano y está muy entregado al espectáculo, le gusta hacerlo. Además es muy talentoso. Escribe, dirige, pinta... yo diría que tiene un gran rigor en su vida diaria. Fui a ver su última obra, «La de Vicente López» y me pareció un trabajo estupendo. Debo decir también que además de ser muy disciplinado, Julio tiene un gran sentido del humor y es muy buena persona.
P.: Está sugiriendo que no todos los actores son así. ¿Es por eso que no quiere escribir sus memorias?
A.A.: No es eso. Yo siempre he tenido la suertede contar con elencos magníficos. Le digo la verdad, me sobran los dedos de las manos para contar las veces que tuve problemas con algún actor. En general, me llevo bien con todos los elencos, y guardo muy buenos recuerdos de los trabajos que hicimos.
P.: ¿Y entonces cuál es el problema?
A.A.: Que a mí me ha ido mal con los empresarios. Fue ahí donde tuve dificultades, no con los actores.
P.: ¿Qué tipo de problemas?
A.A.: A veces querían interferir en mi trabajo, otras venían con exigencias tontas o maltrataban al elenco. Yo he tenido que dar la cara muchas veces y enfrentar al tipo para que no los trate así. Desde luego, no voy a dar nombres.
P.: ¿A qué tipo de maltrato se refiere?
A.A.: A no pagar en fecha y encima tener una actitud muy soberbia. Cuando los actores iban a reclamar recibían en respuesta gritos y agresiones. Pero no todos son así. Por ejemplo, la producción de «Yo soy mi propia mujer», en el Multiteatro, es excepcional. Nos han cuidado, a Julio y a mí de manera extraordinaria. Nunca han intervenido ni hecho nada que no fuera en beneficio del espectáculo. Y debo decir que con Lino Patalano también trabajé muy bien. Allí estrené «Master class» con Norma Aleandro.
P.: ¿Por qué le puso El duende a su sala?
A.A.: Así se llamaba el chalet de veraneo que tenía en Pinamar mi gran maestra y amiga Heddy Crilla. Yo iba allí todos los veranos a pasar por lo menos 20 días. Por las noches investigábamos juntos algún tema o cotejábamos trabajos de dirección mientras nos tomábamos un whisky. Eso lo hice durante 27 años, hasta que ella murió.
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