El coreógrafo Carlos Trunsky estrenará
«Voraz Cuarteto Coreográfico»,
segunda parte de un tríptico.
El 2 de julio se estrena en el Teatro Del Sur (Venezuela 2255), el espectáculo de Carlos Trunsky, «Voraz Cuarteto Coreográfico», donde el coreógrafo aborda nuevamente el tema de los vínculos amorosos en sus aspectos más conflictivos. Se trata de la segunda parte de un tríptico iniciado con «Incandescente», una interesante obra de danzateatro que se exhibió durante la temporada 2005.
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Su autor acaba de recibir el Premio María Ruanova, máximo galardón que otorga el Consejo Argentino de Danza (CAD) a distintos maestros, bailarines y coreógrafos del ballet, la danza contemporánea, el tango y el folklore argentinos (ya lo recibieron Iñaki Urlezaga, Milena Plebs, Juan Carlos Copes, Oscar Aráiz y Mauricio Wainrot, entre otros). Trunsky ocupa un lugar de privilegio dentro de la danza ya que su labor tanto en teatros oficiales como en el circuito independiente lo mantiene en contacto con todos los estilos y escuelas. Como bailarín integra desde 1987 el Ballet estable del Teatro Colón, en donde también estrenó varias coreografías propias (entre ellas «Clamare»).
También creó varias piezas para el Ballet Contemporáneo del San Martín («Vals en vilo», «Que la mar te devuelva»). Este año, por ejemplo, compartirá el tercer programa de la compañía con Carlos Casella y con Mauricio Wainrot, su director. «Voraz» es su segundo trabajo de experimentación, fuertemente ligado a lo teatral e interpretado por cuatro bailarines: Mariela Alarcón, Leonardo Haedo, Emmanuel Ludueña e Inés Armas, de notable desempeño en «Incandescente». La música original es de Jorge Chikiar, el vestuario de Marta Albertinazzi y la iluminación de Eli Sirlin. La preparación vocal estuvo a cargo de Mariana García Guerreyro.
Periodista: Usted dice trabajar a partir de una acción dramática y de un impulso emocional. ¿Qué pasa cuando un bailarín no comprende estos códigos, se va del proyecto?
Carlos Trunsky: Jamás me sucedió tal cosa. En la Argentina hay muchos bailarines que tienen la ductilidad suficiente para trabajar en este borde de danza y teatro. Además, yo convoco a bailarines que quieren trabajar conmigo porque ya conocen mi trabajo. Y si a mí me interesa su modo de bailar, ahí comenzamos.
P.: ¿En que difiere «Voraz» de su espectáculo anterior?
C.T.: En «Voraz» aparece la manipulación, el deseo de obtener siempre algo más del otro y eso genera una conducta insaciable, una ansiedad permanente y también un vacío desesperado.
P.: Aquí vuelve a trabajar con dos hombres y dos mujeres. ¿Va a haber fuertes contrastes entre estos personajes como sucedía en «Incandescente»?
C.T.: En aquella obra se dio naturalmente ese contraste. En ésta está buscado, por ejemplo, a partir de las distintas edades de los bailarines. Va a haber dos generaciones muy marcadas, sobre todo en los varones. Uno de ellos es de mi generación, tiene alrededor de 40 años, el otro sólo tiene 23. Pero todo lo que sucede está como corrido de lugar. Es algo similar a lo que ocurre en pintura, más precisamente en el expresionismo de Francis Bacon. Yo me inspiré en ese tipo de figuras distorsionadas y borrosas.
P.: ¿Es una obra violenta?
C.T.: Es tremenda. Son 60 minutos en los que la acción resulta devoradora. Y esa voracidad está en todos, hasta en el más débil.
P.: El problema con la danza-teatro es que los bailarines terminan bailando muy poco en escena.
C.T.: Aquí no hay un instante en el que no bailen, incluso cuando caminan están bailando.
P.: ¿Cómo logra mantenerse tan activo entre el Teatro Colón, el San Martín y sus propios proyectos independientes?
C.T.: Lo que pasa es que los teatros oficiales tienen sus características particulares. El Colón necesita de un repertorio musical determinado porque dispone de una orquesta, un coro y un ballet estables. Sería un pecado poner ahí música electrónica pura teniendo una orquesta. En el San Martín trabajo con total libertad, pero lógicamente respetando los lineamientos de la compañía. Y la verdad me encanta porque me resulta más fácil que meterme en estas búsquedas personales. Entonces, hay que aprovechar lo que se tiene en cada lugar. Estos tres espacios diferentes me permiten estar abierto a todo tipo de tendencias y estilos. Todo me interesa.
P.: ¿Qué tiene de bueno trabajar con los condicionamientos que impone una compañía estable?
C.T.: A mí me calma. De alguno modo puedo alejarme de toda la furia, la violencia o la carga de amargura que me deparan todas estas exploraciones personales.
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