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9 de octubre 2006 - 00:00

Un ícono que no descansa

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La famosa obra de Leonardo Da Vinci sigue siendo objeto de especulaciones, y su rica historia incluye hasta una increíble estafa liderada por un argentino a principios del siglo XX.
Hay algunas obras de arte que se han convertido en mito y leyenda. Sin duda, la más famosa del mundo es «La Gioconda», también conocida como Mona Lisa, que se presta cada tanto a especulaciones y nuevas versiones sobre su origen y sus presuntos misterios.

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El cuadro fue un encargue que recibió Leonardo Da Vinci, y para la cual la mujer posó durante dos años. Seguramente el resultado no gustó a los interesados, ya que Da Vinci se quedó con la obra y nunca recibió el pago de la misma. Años después, y radicado el artista en Francia, el rey Francisco I la adquirió en la buena suma de cuatro mil florines oro y la colgó en su habitacion real. Otro tanto hizo Napoleón. Finalmente, recaló en el Louvre en 1804. De ahí ha salido tan sólo en tres ocaciones: una fue gracias al encanto de Jacqueline Bouvier cuando era la primera dama de los Estados Unidos, quien la recibió en Washington y en Nueva York en 1963. Años después viajó a Tokio y Rusia por corto tiempo.

La tercera fue en agosto de 1911, cuando desapareció por dos años y 111 días, como excusa para una de las estafas más grandes del siglo, que curiosamente, aún nadie ha llevado a la pantalla grande. Era un lunes, el Museo estaba cerrado, y el carpintero y albañil italiano Vicenzo Peruggia se la llevó instigado por un malandra que se hacía pasar por Marqués. Era un argentino que se llamaba Eduardo Valfierno y tenía un prontuario que hubiera asustado al mismo Al Capone. El caso es que Valfierno le explicó a Peruggia que la obra era patrimonio de Italia y que ahí debía volver. Previamente, con otro bandido francés llamado Chaudron, realizaron seis versiones de La Mona Lisa respetando el soporte en roble y los pigmentos de la época. Usaron blanco de plomo y no de titanio como ya se usaba y, mientras la obra estaba desaparecida, vendieron las copias a cinco americanos y a un brasileño en casi 30 millones de dólares. Luego se fueron a gastar la fortuna a los Estados Unidos durante 20 años, ya que Valfierno recién falleció en 1931. El patriótico Peruggia entregó la pintura en Florencia al director de los Uffici, donde estuvo expuesta un corto tiempo, y tan sólo recibió una condena de 18 meses de prisión.

En cuanto a las lucubraciones sobre el cuadro, algunos han sostenido que el retrato es de un hombre y otros más audaces sugieren que es el mismo Leonardo sin barba. Otros dicen que la obra original se destruyó ya que Da Vinci hacía experimentos de técnica por lo que sus obras tienden a desaparecer, y que la situación no se blanquea. Ahora, unos estudiosos canadienses nos dicen que la modelo estaba embarazada o bien acababa de dar a luz a alguno de sus tres hijos, situación poco razonable ya que no le compraron el cuadro a Leonardo pese a esta circunstancia. Sin duda que «La Gioconda» da tela para cortar ya que es un ícono del mundo occidental.

Si mañana los franceses la prestaran. el seguro no bajaría de 500 millones de dólares. Mientra tanto, sigue protegida por un cristal antibalas, conservada a 55 grados de humedad y a 20 grados de temperatura.

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