Adrián Suar
(bien, aunque
por momentos
algo
«afrancellado»)
y Valeria
Bertucelli en
«Un novio para
mi mujer»,
comedia
romántica que
puede sonar a
varios otros
films de
nombre y
argumento
parecidos.
«Un novio para mi mujer» (Argentina, 2008, habl. en español).Dir.: J. Taratuto. Guión: P. Solarz. Int.: A. Suar, V. Bertucelli, G. Goity, M. Morán (voz), G. Francella (cameo).
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Para sacarse de encima a la agria de su mujer, que vive rezongando desde que se levanta, el marido le busca un supuesto candidato que la distraiga y justifique la separación. Y para que el supuesto candidato pueda operar, el infeliz «la pone en circulación». Entonces pasa lo que uno se imagina que debe pasar, porque en el fondo ésta es una comedia romántica, pero no pasa como uno se imagina, porque por ahí tampoco parece romántica, al menos según la receta americana, que ya está tan pasada y quemada como el amor entre El Tenso y La Tana, que así se llaman nuestros personajes, muy bien encarnados por Adrián Suar, aunque algunos gestos le salgan «afrancellados» (peor sería «afrancesados») y Valeria Bertuccelli, aunque su repertorio de palabrotas por ahí se haga reiterativo y poco variado (no así el repertorio de quejas, que es bastante divertido).
Al tercero en cuestión, le dicen El Cuervo Flores, y lo interpreta, gloriosamente, El Puma Goity. Lo de Flores parece un saludito a Dolina, ya lo comprenderá el espectador cuando lo vea. Lo de Cuervo, es por la fama de ladrón. En este caso, ladrón de mujeres ajenas. Romántico, eso sí. Y fachero, eso se cree él. Pero un verdadero león en la tarea de comerse a la gacelita. Aunque termina siendo un perro, en una de las mejores escenas de la película, si no la mejor, cuando se confiesa con el marido, que es un reverendo ganso.
Antes de esa parte, hay otras también muy buenas, incluso para ver con la mujer de uno al lado, llenas de ingenio, frescura, pintura, talento, y, de yapa, unas observaciones sobre los cambios de interés y desinterés que hay a lo largo de toda historia conyugal, dignas de tenerse en cuenta. Y después de esa parte también hay otras, incluso hay un bonus atrás de los créditos, como para cerrar debidamente. Además, hay otros intérpretes, por supuesto, a veces medio escondidos (por ejemplo, de Mercedes Morán sólo se oye la voz, y muy poquito), o poco reconocidos, pero bien en papel. Responsables principales, el director Juan Taratuto y el guionista Pablo Solarz, los mismos de «¿Quién dijo que es fácil?». En suma, da gusto.
Queda aparte, para una discusión de cinéfilos, la cuestión de los antecedentes. Alguien recordará, por ejemplo, «Mr Wonderful», que acá se llamó «Busco marido para mi mujer», aunque en verdad era su ex mujer, porque los personajes ya estaban divorciados, y encima la película era un remake, o, más lejos todavía, la argentina «Busco un marido para mi mujer», de Arturo S. Mom, 1938, con Nedda Francis, que era su propia esposa, o más cerca, el sexto capítulo de «Los simuladores», con Boy Olmi, Claribel Medina, y el mismísimo Puma Goity, que en este caso era un honrado dueño de cine, bueno, lo más honrado que puede ser el dueño de un cine, y había también otras diferencias fundamentales. Lo que nunca difiere, en cine y en la vida real, es el malhumor de las mujeres cuando no las atienden, y el modo en que se despabilan cuando reciben atención externa.
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