8 de marzo 2006 - 00:00
Wolfe echa los campus a una fallida hoguera
-
Sorpresa en Prime Video: una de las mejores adaptaciones de Agatha Christie arrasa en la plataforma
-
De la tele a Miss Universo: quién es Abril Duhalde, la sobrina nieta del expresidente que busca la corona
Luego de su novela sobre la corrupción sexual y etílica en
los campus universitarios, Tom Wolfe se propone escribir
sobre las regiones que dominan los nuevos inmigrantes en
Estados Unidos.
Norman Mailer sostiene que «Tom Wolfe es cualquier cosa menos un escritor», John Updike que «hace entretenimiento de masas, no literatura», y John Irving que «para empezar, no sabe construir personajes femeninos». Wolfe, a su vez, se refiere a ellos como «Curly, Larry y Moe, los tres chiflados de las letras», y les contesta que está preparando un Juramento Hipocrático para narradores, cuyo primer mandamiento es «entretener al lector, ayudarlo a pasar un momento agradable, como lo hizo la literatura inglesa y francesa decimonónica, como lo hizo Dickens».
Wolfe quiso ofrecer con ésta novela «un panorama de la vida universitaria en Estados Unidos. El aislamiento de los estudiantes de la realidad, su aculturación. Si en los años '60 se habló de revolución sexual, hoy en esos lugares se vive un verdadero carnaval sexual.»
Uno de los problemas que enfrentó Wolfe, a sus 75 años, es que el subgénero literario «novela de campus» ha sido demasiado explotado, fundamentalmente por la narrativa británica, por el cine y la televisión. Cuenta con obras notables como «Menos que cero», Bret Easton Ellis (autor de « American psycho»), «Generación X» y «Planeta Champú», de Douglas Coupland, o « Pensamientos secretos», de David Lodge, frente a las cuales su novela parece elemental, y menos divertida que cualquiera de las películas del ciclo «American Pie». Para la gran mayoría de los críticos literarios norteamericanos «Soy Chalotte Simmons» en ningún momento alcanza la calidad de su sátira de los yuppies de Wall Street de «La hoguera de las vanidades» ni la densidad de «Elegidos para la gloria» o «Todo un hombre».
«Lo peor», señala un crítico, «es que resulta irremediablemente previsible. El tema del estudiante al que se perdona su ignorancia porque es un deportista estrella que va a ir a la NBA está tan transitado como el de los desafueros de alcoba en los campus o las ' fraternidades' que los dominan». Claro, Wolfe cuenta con seguidores fieles, como el crítico de «Sunday Express», que escribió que ésta novela posee «un placer pirotécnico tan fascinate como 'La hoguera de las vanidades'».
Más allá de esos comentarios, es difícil no encontrar momentos sabrosos en la novela, diálogo atractivos, pasajes donde Tom Wolfe habla de modo interesante sobre temas de hoy, como la neurobiología. Pero la lectura, para un argentino, resulta perjudicada por la traducción al español de España. Buscando imitar el lenguaje de los jóvenes norteamericanos, los traductores ponen cosas como: «¿Pillas lo que digo? ¿Te crees que eres madero? Te hace la picha un lío. Saco la fusca, tío, la pongo en los morros. No tienes media hostia», donde cualquier intento de coloquialidad, escándalo o provocación desaparece.
M.S.


Dejá tu comentario