Dólar MEP o CCL, ¿enemigo o aliado del gobierno?

Finanzas

La necesidad de imponer controles cambiarios tiene como consecuencia inevitable el surgimiento de múltiples tipos de cambio. El incremento en la brecha congela las decisiones de inversión y la actividad queda en stand by hasta que se estabiliza en un nuevo valor.

La necesidad de imponer controles cambiarios tiene como consecuencia inevitable el surgimiento de múltiples tipos de cambio y la discusión pasa a ser cuál es el mercado de referencia. Hoy en día hay, en términos simplificados, tres mercados de referencia: el oficial, por el cual se cursa todo el comercio exterior y gran parte de los pagos de deuda; el financiero, que es una alternativa formal para el sector productivo, financiero y cierto segmento sofisticado de personas físicas ya que requiere el manejo de instrumentos financieros (bonos y acciones); y el dólar informal, destino de operaciones informales y de menores montos.

Usualmente se suele asociar el efecto de los tipos de cambio paralelos a los precios internos. En casos aislados, la suba del blue puede dar lugar a aumentos puntuales (en artículos electrónicos que no son importados por las empresas o artículos muy puntuales que se traen desde el exterior), pero no es lo más relevante. Como se evidenció al levantarse los controles cambiarios a fines de 2015, la mayoría de los costos de la economía tienen como referencia al dólar oficial. Lo que debe preocupar es cómo afecta la brecha cambiaria a otras decisiones de gasto. El incremento en la brecha congela las decisiones de inversión y la actividad queda en stand by hasta que se estabiliza en un nuevo valor. Además, el sector exportador suele detener las liquidaciones y el importador tiende a adelantar sus pagos, generando más presión sobre las reservas del Banco Central.

La administración de los múltiples tipos de cambio debe contemplar un mercado alternativo de referencia sobre el cual el gobierno también tenga la posibilidad de intervenir. La política oficial aprendió de los yerros del año pasado, y comenzó a intervenir en el dólar paralelo legal para orientar su valor mediante la compra venta de títulos públicos. Esto se empezó a hacer recién en el mes de octubre del año pasado y terminó siendo un aporte importantísimo para estabilizar la brecha cambiaria. En un cambio muy positivo, la postura actual del gobierno es totalmente distinta a la que tenía antes de ese episodio. Los últimos días, el ministro Guzmán declaró que “la brecha cambiaria es un objetivo de la política económica”. Por este motivo, tomaron la iniciativa durante el mes de julio modificando algunas normativas para el acceso al dólar financiero.

El anuncio no cambió radicalmente las condiciones de la operatoria financiera (que ya requería una larga lista de requisitos para poder realizarse). El foco se puso sobre el principal instrumento utilizado para adquirir dólares por medio de la compra-venta de bonos. Hasta julio, la referencia del dólar MEP y CCL se repartía en dos títulos por ser los de mayor volumen operado: AL30 y GD30. El Banco Central operaba en ese mercado vendiendo los títulos en pesos y volviendo a comprarlo con dólares. De esa manera, no se modificaba la cantidad total de títulos en su poder pero terminaba vendiendo a $165 los dólares que compraba en el mercado oficial a $100. El resultado de esta operatoria le costó al Central un monto que se encuentra entre los 1.500 y 2.000 millones de dólares en lo que va del año. Como no tiene obligación de informarlo inmediatamente, el volumen de las operaciones se conoce con bastante demora y tampoco se publica con precisión.

El gobierno está ante la compleja disyuntiva de restringir la operatoria o perder reservas para contener el precio. Nuestra opinión es que, sin desmerecer el efecto negativo que puede tener en las reservas la operatoria en el mercado financiero, al gobierno le conviene tener un mercado que siga siendo referencia y en el cual pueda intervenir. El riesgo de limitar mucho el acceso al dólar financiero a través de los títulos públicos es que empiecen a generarse precios de referencia en otros segmentos: con acciones (como por ejemplo la del Banco Galicia) o que se disperse en muchos títulos que no tiene el Banco Central en sus poder. Incluso, como se ha visto, es posible que el dólar informal empiece a convertirse en la referencia del dólar financiero, guiando el valor de las operaciones que no acceden al mercado oficial (tanto financieras, como inmobiliarias). Dado que es un mercado chico donde el gobierno no tiene instrumentos directos con los cuales incidir en el precio, ello podría derivar en una dinámica cambiaria desestabilizadora. Esta volatilidad también genera costos en las reservas por los adelantos de importaciones y retención de exportaciones y, además, tiene los efectos negativos sobre la actividad. Dada la escasez de reservas desde que asumió el gobierno, no es mucho el margen de maniobra pero necesita consolidar un mercado de referencia para el dólar financiero donde un actor principal sea el propio gobierno.

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