Las negociaciones por reestructuración de la deuda podría retrasarse a raíz de la propagación del COVID-19 porque en un contexto de incertidumbre "es poco probable" que se tomen decisiones importantes de parte de los grandes fondos.
Las negociaciones por reestructuración de la deuda podría retrasarse a raíz de la propagación del COVID-19 porque en un contexto de incertidumbre "es poco probable" que se tomen decisiones importantes de parte de los grandes fondos.
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El impacto puede evaluarse desde, básicamente, tres puntos de vista que interactúan entre sí: financiero, comercio internacional y actividad económica local, de acuerdo al Radar Económico Semanal de PXQ Consultora.
Por el lado financiero, la caída de los principales mercados internacionales tuvo impacto sobre el mercado argentino. El Merval se contrajo 27% desde el 19 de febrero, el riesgo país superó los 3.000 puntos básicos (récord desde el default de 2001-2002) y la presión sobre el tipo de cambio se evidenció sobre el CCL que escaló a $89,15 por dólar a fines de la semana pasada.
En medio de la negociación con los acreedores privados para reestructurar la deuda en moneda extranjera, la caída en la cotización de los títulos públicos argentinos los deja prácticamente en paridades similares a las de septiembre de 2019 (tras las PASO y el reperfilamiento).
“Esto implica que los títulos públicos se ubican cerca del 35% de paridad, quedando muy cerca de valores peligrosos para el ingreso de fondos que busquen forzar el default y litigar contra Argentina”, resalta la consultora.
Por otro lado, el clima de incertidumbre financiera a nivel internacional representa un escenario complejo para la presentación de la oferta de reestructuración del Gobierno argentino.
Por este motivo, aunque por cronograma la oferta iba a ser presentada la semana pasada, se tomó la decisión de demorar por lo menos una semana su presentación.
“Si bien el actual precio de los activos podría significar que la oferta argentina resulte más tentadora para los bonistas, en un contexto de incertidumbre es poco probable que se tomen decisiones importantes de parte de los grandes fondos”, destaca el informe.
“Si la crisis internacional se profundiza y se alarga, por tanto, podría significar una demora en el tratamiento de la reestructuración argentina lo cual implicaría que el Gobierno tenga que tomar decisiones sobre los pagos que se debería realizar en abril”, anticiparon.
El impacto en términos de comercio internacional vendrá dado como consecuencia de la reducción en el flujo de comercio con los socios comerciales de Argentina, por un lado, y de la variación en el precio de los principales productos de exportación e importación.
El principal destino de exportación es Brasil (16% de participación sobre el total de exportaciones en 2019). Las perspectivas de crecimiento del país vecino ya fueron recortadas en febrero y todavía falta mensurar el impacto que el COVID-19 pueda tener sobre su economía.
La Unión Europea en su conjunto representa el 14% de las ventas argentinas al exterior, China el 11% y Estados Unidos el 6%.
En cuanto a los precios, la soja cayó al mínimo en 6 meses (se ubicó a USD315/TN a fines de la semana pasada) y pone una luz de alerta por tratarse del principal producto de exportación, además de que el gobierno se encontraba discutiendo el esquema de retenciones para el sector. A su vez una reducción en la oferta a nivel mundial podría acarrear un aumento en el precio de los productos manufacturados importados.
Como consecuencia de la guerra de precios en la OPEP, hoy el pedido del sector petrolero en Argentina es que se le ponga un piso al precio del crudo (la vuelta del barril criollo), con lo cual es probable que en las próximas semanas se conozcan medidas al respecto.
Por último, en cuanto al uso de divisas es esperable que “haya una reducción en el déficit de turismo derivado de las restricciones a los traslados de personas, lo que tal vez constituya el único efecto positivo de la pandemia”.
Desde la consultora indicaron que “es pronto para estimar las consecuencias sobre la actividad, puesto que eso dependerá de la profundidad de la suspensión de actividades, la duración de la crisis y las medidas que se tomen para contrarrestar estos efectos”.
Sin embargo, es esperable que en la medida que el virus avance y se exija un aislamiento mayor se empiecen a ver consecuencias tanto sobre la producción como en el consumo.
A su vez la presión devaluatoria que impone el fortalecimiento del dólar con respecto a las monedas de la región podría derivar en un aumento en el ritmo de devaluación del BCRA, efecto que podría impactar sobre los precios de los alimentos particularmente.
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