10 de junio 2008 - 00:00
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Las consultoras psicológicas María Mercedes Luengo y Patricia Ampola, durante la charla con Ambito Financiero, en donde sostuvieron, entre otras cosas, que "hay que aceptar que el problema del jugador compulsivo es él mismo y no el juego en sí".
P.A.: Todo el proceso abarca un período de cinco a siete años. Hacen falta tres fases para que una persona se termine identificando como jugador compulsivo. La primera es en la cual el perjudicado gana dinero y siente que puede beneficiarse permanentemente e indefinidamente. De allí se pasa a la segunda fase, que es la de la pérdida, en donde la ganancia del principio ya no es tal. Aquí es donde el jugador empieza a pedir dinero prestado para saldar posibles deudas. Arma estrategias con la familia para que ésta no se dé cuenta de que está perdiendo cada vez más plata. En esta etapa, el perjudicado ya no ve el juego como social. Mientras que antes todo pasaba por juntarse con amigos, ahora el paciente decide ir al casino o al lugar de apuestas por sí solo. Cree que todo lo perdido lo va a poder recuperar. Por último, surge la etapa de la desesperación, cuando ve que todo se derrumba.
P.: ¿Cuánto tiempo lleva la etapa de recuperación del paciente?
M.M.L.: Eso es relativo, aunque el promedio general es de uno a dos años. A partir del segundo año se comienza a ver una mejoría. Pero para esto deben estar involucrados sus familiares, así como su entorno más cercano. Como los jugadores compulsivos no buscan ayuda por sí solos, la familia es la que se tiene que dar cuenta del problema y asumir que su pariente tiene ese trastorno psiquiátrico. Una vez asumido el problema, tienen que acompañar el proceso de recuperación.
P.: Teniendo en cuenta que es muy difícil que el familiar se dé cuenta de entrada del problema, ¿a través de qué actitudes uno puede llegar a la conclusión de que el paciente es un apostador obsesivo?
P.A.: En general, durante el fin de la segunda etapa y toda la tercera del proceso, el perjudicado pasa a mentir asiduamente y recae en otras adicciones, como el alcoholismo o el tabaquismo. De todas formas, lo más evidente es que aumenta considerablemente el estado de ánimo violento del paciente. Hay un ambiente de maltrato general que indudablemente la familia comienza a percibir, más agudamente cuando ve que al pariente el problema se le va de las manos. Por otro lado, y llamativamente, las tasas de suicidio en estos casos son bastante bajas.
P.: Teniendo en cuenta la creciente oferta de casas de azar en los últimos años, ¿puede ser ésta una razón que justifique el aumento de este tipo de problemas? ¿Qué es lo que se está haciendo desde el Estado para afrontar el problema?
P.A. y M.M.L.: De ninguna manera el crecimiento de la industria del juego puede influir directamente en la persona para que ésta se vuelva jugadora compulsiva. El problema no es el juego, sino la persona en sí. Por otro lado, desde el Estado todo ha sido muy tibio hasta ahora, aunque no se puede negar que se han hecho cosas importantes. Se han creado varios centros especializados en adicciones con el juego, en el conurbano así como en el interior de la provincia. Al ser algo muy reciente, no hay mucha bibliografía sobre el tema e incluso los países en donde las políticas preventivas son más desarrolladas no intercambian ideas como para que en estos pagos se pueda a comenzar a hacer algo mayor.
Entrevista de Gustavo Bayley




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