Las noticias sobre la situación del narcotráfico en la Argentina que llegan desde el Departamento de Estado de los EE.UU. no son alentadoras. En el reporte 2008 de Estrategias Internacionales sobre Control de Narcóticos que elabora anualmente ese ministerio en Washington, el panorama para el país es desolador y no se le da ningún crédito al gobierno sobre avances en el combate de ese flagelo.
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«La Argentina es un país de tránsito para la cocaína producida en los Andes con destino a Europa y para la heroína colombiana destinada a los Estados Unidos. Pero es también una fuente de provisión de precursores químicos, debido a su avanzada capacidad para el desarrollo de sustancias químicas.»
Hasta allí, el informe describe una situación conocida. Pero además, insiste en la falta de acciones concretas: durante 2007 se decomisó la misma cantidad de drogas que en 2006, aunque las autoridades denunciaron un incremento en la cantidad de pequeños laboratorios (aquí conocidos como «cocinas») que conviertenla pasta base en clorhidratode cocaína. Con ese ánimo recuerda, por si hace falta, que el país firmó en 1988 la Convención de las Naciones Unidas contra las Drogas.
Los Estados Unidos le dan a la Argentina un estatus de país de tránsito para la cocaína que llega de Bolivia, Perú y Colombia destinada a EE.UU. y en menor medida para los embarques colombianos de heroína. Pero el informe destaca, además, que el consumo local está basado hoy en la marihuana, seguida por el clorhidrato de cocaína y los inhalantes.
En ese sentido, se reconoce que a la cooperación contra narcóticos entre EE.UU. y la Argentina le falta un robustecimiento de los esfuerzos legales conjuntos: «Su sistema legal está en plena transición entre un procedimiento inquisitorio y un sistema acusatorio. Como uno de los principales productores de precursores químicos en Sudamérica -elementos necesarios para la transformación de la cocaína-, el país es vulnerable a que esos elementos entren en el mercado ilegal de la producción de drogas», dijo el Departamento de Estado, aunque reconociendo que el gobierno ha introducido modificaciones en la legislación para controlar el manejo de esos productos químicos.
Pero ese esfuerzo no parece suficiente para los EE.UU.: «Se recuerda que en 2007 fue detectado no sólo un incremento de cocinas, sino que fueron descubiertos seis laboratorios para la producción de clorhidrato de cocaína y dos cocinas de pasta base».
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