La hipertensión arterial afecta a cerca de 80% de los mayores de 65 años y facilita la aparición de lesiones de la sustancia blanca cerebral, o infartos (aquí destrucciones del tejido cerebral) que pasan desapercibidos. Estas lesiones cerebrales no tienen consecuencias inmediatas, contrariamente a las observadas por ejemplo después de un accidente vascular cerebral que pueden desembocar en parálisis parciales o perturbaciones de la palabra.
La anomalía puede incluso causar demencia y problemas motrices al caminar, riesgos de caídas, y a veces aparición de síntomas que evocan la enfermedad de Parkinson, así como un aumento de los riesgos de depresión, según los especialistas.
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