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13 de agosto 2008 - 00:00

Bonafini hasta ahora cocinó sólo a Cristina

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Para Hebe de Bonafini, un tocado es un símbolo, no sólo un complemento. Apareció ayer en la segunda clase de cocina socialista en ESMA sin el clásico pañuelo (tanto que suele regalarlos como condecoración a sus amigos, como Cristina de Kirchner). Usó, en cambio, un sombrero oscuro de evocación británica, el «Bub Hat» que popularizó Gath & Chaves y que algunos llamaban «Piluso» porque los usaba el cómico Alberto Olmedo cuando hacía ese personaje.
La ahora devenida chef Hebe de Bonafini apuntó ayer en su cocina política contra Cristina de Kirchner, al afirmar «que cuando recibió a los directivos de Wal-Mart para anunciar sus cuantiosas inversiones, no hizo más que acentuar la explotación de esas cadenas con nuestros jóvenes».

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A pesar de que no comenzó formalmente a ensuciarse las manos con los ingredientes de una «comida socialista» -tal como lo señalara en su clase introductoria de la semana pasada-, la madre kirchnerista no ahorró críticas para Cristina de Kirchner y Alfredo de Angeli.

El lunes pasado, la Presidente había recibido a un grupo de altos ejecutivos de la División Internacional de Wal-Mart Stores Inc., quienes anunciaron inversiones por entre 100 y 130 millones de dólares para continuar desarrollando las operaciones locales de la compañía durante 2009.

Con visitantes de Bolivia, Brasil, entre otros puntos del continente, la titular de la Fundación Madres de Plaza de Mayo se excusó de no poder tener la cocina lista, para comenzar a preparar las comidas « antiimperialistas», aunque dio su primera clase con la ayuda de un textodel escritor uruguayo Eduardo Galeano.

Una de las ayudantes de Bonafini, la cantante correntina Teresa Parodi, anunció que la sala especial para empezar a preparar las comidas estará equipada con bachas y una cocina a gas para la siguiente clase, en la que los participantes del minicurso propondrán semanalmente diversas recetas.

Se aceptarán cereales de todo tipo para las recetas maternales, tales como cebada, trigo, maíz, choclo. Los alumnos de Bonafini aprenderán también a preparar polenta «como se hacía antes», mazamorra, yogur y empanadas de todo tipo. Al final de la cursada, los estudiantes recibirán un diploma simbólico.

La idea de la jefa de las Madres es «generar en los gastronómicos del país la mentalidad de comenzar a preparar comidas nuestras, que provienen de nuestras costumbres, como hacen varias de las etnias que viven en nuestro territorio». «Me parece bárbaro que haya comida peruana, boliviana, china y de todas las nacionalidades posibles y es por eso que aliento a que los argentinos preparemos en nuestros restoranes comida tradicional del país», sostuvo como si la cantidad de las parrillas libres o de locales de comida tradicional en el país, no bastaran para cubrir la demanda.

Sin embargo, el bar de las Madres en la sede principal de la fundación que preside, frente a la plaza del Congreso, tiene como uno de sus principales menús del día el chop suey de pollo. La comida china se vende a 10 pesos con café incluido, aunque de nacional no tiene nada. En torno a la clase en sí, a medida que Bonafini leía párrafos del libro «Patas para arriba» de Galeano, los asistentes podían interrumpir cuando quisieran y debatir lo que se escuchaba. La consigna de la semana pasada había sido «concientizar para una ingesta de alimentos más sana y no patrocinada por el imperio yanqui, como lo son la comida rápida, industrial».

En esa línea, la ahora empresariade la construcción tocó temasque fueron desde De Angelihasta el presidente de EE.UU., George Bush.

En ese sentido, durante la lección gourmet, un asistente preguntó si iba a cocinar «el famoso lomo de De Angeli a 80 pesos» a lo que ella negó, aunque luego de una pausa contestó: «A ese tipo lo querría cocinar yo a las brasas».

Ya cuando repetía una y otra vez «que los yanquis nos han invadido social, económica y hasta mentalmente», ante una pregunta de uno de sus seguidoresde si viajaría a los EE.UU., retrucó: «A ese país no viajo más, ¿y saben por qué?, porque para entrar al imperio hay que firmar unos papeles que certifiquen que uno no va a matar a su presidente. Y yo la verdad que no sé si algún día eso pasará, así que mejor no viajo».

Para el final dejó otra perlita. Dijo que con el advenimiento de «su» cocina política, le habían ofrecido trabajar en TV. «En esas boludeces no me meto», contestó ante las risas de los presentes.

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