«En la Argentina hay libertad de prensa», pero «la actividad periodística se desarrolla con dificultades, a raíz de factores políticos y económicos» sostiene la Comisión de Libertad de Prensa de la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA) en su informe para la 44a Asamblea Anual de la entidad que nuclea a los medios periodísticos del país.
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El informe considera que «el modelo de comunicación bloqueada que practica el gobierno nacional comienza a ser reproducido por algunos mandatarios provinciales y diversos intendentes, tendencia que empeora una situación en la que no han faltado -en ámbitos municipales- acciones intimidatorias e, inclusive, alguna agresión física violenta».
«Es deber de ADEPA señalar estos problemas que afectan, en primer lugar, a periodistas y empresas periodísticas, pero que ponen en riesgo la calidad de nuestra democracia.» Asegura que «en las cimas del discurso oficial, el ejercicio de la crítica, que es consustancial a la existencia del periodismo, ha sido reiteradamente confundido con una práctica opositora».
Error de concepto
«Lamentablemente se trata de un error de concepto. La crítica no sólo es uno de los nervios del quehacer periodístico, sino el mayor aporte que -en una sociedad abierta- nuestro sector puede ofrecer a la ciudadanía, al mejor desempeño del gobierno y al adecuado funcionamiento de las instituciones», dice.
El informe destaca que «controlar los actos del poder, ponerlos bajo la lupa del análisis, someterlos a las pruebas del ejercicio reflexivo, a la exigencia de los argumentos fundados, son deberes del periodismo bien entendido en el juegode un sistema democrático y republicano».
Afirma que «el carácter opositor que el gobierno suele atribuir a quienes ejercen la crítica periodística es un error de encuadre, ya que si bien en determinadas circunstancias puede parecerse y aun coincidir con la que realizan fuerzas políticas de oposición, la diferencia decisiva radica en la finalidad que tienen una y otra. La oposición se manifiesta en función de estrategias orientadas a la conquista del poder. El periodismo sólo pretende evitar o prevenir los desbordes o desvíos a los que el poder tiende en cualquier tiempo y lugar».
Asegura que «al bloquear canales de comunicación con el periodismo, se priva a la ciudadanía de material informativo o argumentativo al que debería acceder para formar criterios, definir opciones y tomar decisiones», y en ese sentido recuerda que «el Presidente se dirige directamente al pueblo en un esquema que se caracteriza por su unidireccionalidad» y de ese modo «se desconoce la labor de una prensa preparada para preguntar y repreguntar y por tanto para exigir del mandatario respuestas precisas y fundamentadas sobre los temas y acciones que plantean dudas».
En sus últimos párrafos destaca que «los diversos aspectos analizados convergen hoy en un cuadro complejo para el periodismo gráfico argentino. El cuestionamiento -explícito o implícito- del papel que le cabe como eficaz factor de control republicano y como activador de las múltiples relaciones que tejen la trama social cotidiana, se une a la desconsideración económica por parte de un gobierno cuyas medidas generan, como efecto secundario, condiciones desfavorables para el desempeño de la empresa periodística».
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