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31 de enero 2024 - 12:00

Curioso: por qué a nuestro cerebro le gusta el verano, a pesar de sufrir el calor

Muchas personas pueden estar de acuerdo en que odian el calor, pero su cerebro de igual forma, ama el verano. Conocé la razón.

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El cerebro y el verano: un amor incomprendido.

Las altas temperaturas provocadas por el verano tienen un efecto negativo en el cerebro y sistema nervioso: cuando el calor aprieta, el equilibrio de temperaturas se mantiene gracias a la termorregulación, pero cuando el cuerpo alcanza temperaturas por encima de los 40°C, a causa de las olas de calor, no hay manera de resistir.

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El cerebro es una de las partes más sensibles al calor, ya que la pérdida de sales y líquidos puede tener consecuencias físicas como agotamiento, mareos, náuseas y sudoración excesiva. Pero a pesar de esto, a este órgano el verano lo pone feliz. ¿Cómo puede ser?

Por qué nuestro cerebro ama el verano

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Las razones por las que el cerebro ama el verano.

El verano trae más horas de luz, lo que se traduce en una mayor producción de serotonina, el neurotransmisor que permite que determinadas neuronas se comuniquen entre sí. El resultado de esa comunicación es muy variado, puesto que la serotonina influye en varias cuestiones, como los estados de ánimo, el aprendizaje o la regulación de la temperatura corporal.

Por ejemplo, bajos niveles de serotonina se asocian con depresión o ansiedad, mientras que altos pueden generar temblores, sudoración excesiva, confusión, inquietud, presión arterial elevada o espasmos. Pero en su justa medida, la serotonina influye positivamente en el estado de ánimo.

Esta regla es la que favorece la relación del cerebro con el verano: la luz solar promueve la unión de este neurotransmisor con su receptor 5-HT1A en las regiones cerebrales que controlan las emociones, mejorando el estado de ánimo.

El sol, otro aliado del cerebro

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Tomar sol en su justa cantidad es bueno para el cerebro.

La luz solar también tiene múltiples beneficios para el cerebro, siempre y cuando se tome a conciencia. Los principales son:

Cercanía al mar: una garantía de felicidad para el cerebro

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Nadar mejora el estado de ánimo, y más aún, si es en el mar.

Las piscinas y el mar son otra de las alegrías que trae el verano. En conjunto, llega la natación, una actividad que no solo aporta beneficios físicos, sino también mentales: contribuye a luchar contra el estrés oxidativo y los radicales libres, estimulando el sistema inmunitario y mejorando la capacidad cognitiva y la memoria.

Si nadar es bueno, mucho mejor es hacerlo en el mar, que produce efectos positivos sobre el sistema inmune, cardiovascular y estado de ánimo. Pasar tiempo cerca del océano ayuda a relajarse y reducir los niveles de estrés y ansiedad.

El sonido de las olas y el viento suave tienen un efecto relajante que disminuye los niveles de cortisol y la actividad nerviosa simpática. Estar junto al mar aumenta la secreción de serotonina y endorfinas, que producen sensación de felicidad y tranquilidad.

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