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10 de agosto 2007 - 00:00

Decreta Europa el fin del dinero en efectivo

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Madrid - El incremento del uso del dinero electrónico o digital, tanto para las pequeñas operaciones que realizan los consumidores como en transacciones entre entidades y empresas, ha llevado ya a muchos expertos a plantearse si Europa está ante el ocaso del dinero en efectivo. A pesar de que parecería algo osado creer que los billetes y monedas pueden, en un plazo de unos 15 años, quedar relegados a un uso casi marginal, la sociedad europea ha asimilado otros cambios de conducta de similar envergadura en mucho menos tiempo.

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Los pagos en «no efectivo» están cada vez más generalizados y ya no extraña su uso cuando se paga la compra con una tarjeta de crédito, se usa un pase electrónico para acceder a una autopista de peaje o se alquila una película a través de un decodificador, por no hablar del delirio automático en bancos de facturas y servicios.

Los datos del Consejo Europeo de Pagos (EPC) muestran que los pagos realizados en «no efectivo» aumentaron 12% entre 2000 y 2004, aunque en países como España sus habitantes aún realizan menos de 100 de estas operaciones al año, casi la mitad de las que se realizan en Holanda, Francia o el Reino Unido, según el «World Payments Report 2006» elaborado por Capgemini.

Otros estudios, como el realizado por la consultora McKinsey sobre medios de pago en Europa para el mencionado European Payments Council (EPC), destacan el elevado costo que para los bancos y los ciudadanos supone el manejo de dinero en efectivo, así como los cambios en el sistema que supondrá la próxima implantación del Area Unica de Pagos en Euros (SEPA, por sus siglas en inglés). Según McKinsey, el costo del manejo del dinero efectivo para la sociedad europeaestá estimado en 0,5% del PBI de la Unión Europea, es decir 50.000 millones de euros, ya que incluye, entre otros gastos, la impresión de billetes, su traslado entre entidades y comercios y su alojamiento en cajeros o en las sedes centrales de los bancos.

Además los bancos destinan una importante parte de sus gastos al manejo de efectivo, así como cuantiosos recursos de personal e infraestructuras, por lo que es de esperar que en los próximos años se vuelquen aun más en reducir el uso del efectivo. El verdadero fomento del uso del dinero electrónico, según las mismas fuentes, requiere de una «acción global» en la que participen bancos, organismos públicos y comercios.

El éxito del sistema depende no sólo de su simplicidad sino también de factores como que los comercios apuesten por colocar los dispositivos requeridos y que los bancos y las empresas de tarjetas sigan desarrollando nuevas tecnologías «simples y seguras», al tiempo que las entidades apoyen su uso rebajando comisiones.

Con la intención de agilizar los pequeños pagos con tarjeta, La Caixa y Visa Europe han lanzado en el mercado español, por ejemplo, la tarjeta «sin contacto» Visa PayWave, un producto que incorpora tecnología inalámbrica para que con sólo acercarlo a una terminal de lectura realice la compra de un modo rápido y seguro. MasterCard y Euro 6000 también han lanzado Paypass, un sistema similar y que espera fomentar el uso del dinero no efectivo.

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