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11 de enero 2015 - 17:23

El Bon Odori, un festival que reafirma los vínculos con la comunidad japonesa

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La gente bailó en el Bon Odori al ritmo de la música tradicional japonesa.
Los japoneses tienen incontables festivales y vistosos festejos que provienen de tradiciones milenarias. Lejos, en su archipiélago, sólo suelen llegarnos imágenes de esa cultura que amalgama lo antiguo y lo moderno con total naturalidad. En Argentina, la comunidad nipona se esfuerza por mantener su identidad y difundirla con celebraciones en las que se les abre la puerta a todo el que quiera asistir, permitiéndonos un vistazo a esas coloridas costumbres. Entre ellas, una de las más destacables es el Bon Odori.

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El Bon Odori es un matsuri (festival) que deriva de un rito religioso, el Obon, que hace cientos de años sumó el Odori (baile). Hay varios tipos y en distintos momentos del año, pero todos tienen en común la música, la danza y las comidas tradicionales. En nuestro país se lleva a cabo en zonas de gran concentración nikkei (emigrantes japoneses y sus descendientes) como La Plata, Burzaco, José C. Paz y otras.

En la localidad de Melchor Romero, La Plata, está la Colonia Urquiza, refugio de una importante cantidad de inmigrantes japoneses que se asentaron en la década del 50 y 60. Allí fundaron la Asociación Japonesa La Plata, que organizó este sábado pasado la 16º edición de su Bon Odori. La asistencia, de varios miles, asombra cada año por su creciente masividad pese a realizarse en una zona semi rural.

Si bien los nikkei son los protagonistas, el grueso de los visitantes no pertenece a esa comunidad. Ambos grupos se mezclan y concurren junto a sus familias vestidos muchos de ellos con yukatas, una especie de kimono de verano. Nunca faltan los cosplayers, jóvenes que se disfrazan de sus personajes de animé favoritos.

El predio platense -mayor a una hectárea- se delimitó en su perímetro con diversos puestos de souvenirs tradicionales, comidas, bebidas, artículos importados, ropa tradicional, etc. En el centro hubo una yagura (torre) de la que colgaron decenas de faroles de colores que iluminaban todo el espacio.

Por la tarde, la gente comenzó a llegar, y cada stand de productos japoneses y artesanías estaba cubierto de compradores y curiosos. Al mismo tiempo diversas cantantes hacían su performance en vivo y más tarde el grupo Buenos Aires Taiko realizó su show de percusión con tambores tradicionales. En esa pista de baile que rodeaba a la torre se largó el Bon Odori y las experimentadas mujeres en yukatas encabezaron la procesión marcando los pasos que los no conocedores iban imitando lo mejor posible al ritmo de las canciones japonesas que se acostumbran para estas festividades.

Hacia la noche todos buscaron cenar y lo más solicitado era la comida casera: yakitori (pinchos de pollo), harumaki (empanaditas), takoyaki (bolitas con pulpo), sushi, onigiri (bola arroz con algún relleno), fideos, etc. No faltaron los dulces japoneses como los manju, dorayaki, mochi y otros. Mientras algunos comían, otros iban remplazando al público que bailaba alrededor de la torre en la sucesión de vueltas que duró varias horas.

Hacia el final del festival el embajador de Japón en Argentina, Masashi Mizukami, habló a los presentes y se mostró sorpresa por la multitudinaria convocatoria. A continuación se desplegaron los fuegos artificiales -los hanabi- que iluminaron el cielo durante unos 10 minutos con un deslumbrante despliegue.

Desde 1999, el Bon Odori platense asombra a los visitantes por la idiosincracia nipona que se evidencia en la esforzada organización y dedicación por los detalles que se ven por ejemplo en la división de tareas en los puestos de comidas y hasta en el sistemático orden del estacionamiento.

A través de sus tradiciones, este festival y otros similares reafirman el vínculo que une a la comunidad japonesa con el país que le dio cobijo. Allí se integran los niños y los ancianos nativos japoneses en un murmullo que mezcla castellano y japonés. El Bon Odori resulta una foto panorámica de un intercambio cultural producto de las históricas inmigraciones que forjaron al país, dándonos a conocer a una de las culturas más llamativas del mundo.

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