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10 de septiembre 2008 - 00:00

El candidato menos pensado gana en TV digital: Japón

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Como en una novela policial inglesa, el personaje menos sospechoso resultará siendo, en este caso, el elegido: la Argentina está a un paso de adoptar, para la futura TV digital, la norma japonesa ISDB-T, que en realidad es una adaptación brasileña de la norma original asiática. Luego de haberse inclinado, en 1999, por la norteamericana ATSC durante el gobierno Menem, y de haberla cambiado a fines de 2006 por la europea DVB (así lo admitían, off the record, numerososfuncionarios y técnicos, aunque nunca se haya comunicado oficialmente), la decisión por el tercer formato en ronda, el japonés-brasileño, se aceleró en estos días en el marco de los convenios con el gobierno Lula.

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Ayer, en declaraciones por «Radio 10», el ministro de Planificación, Julio De Vido, dijo: «Vamos a estudiar con Elio Costas, ministro de Comunicaciones de Brasil, las oportunidadesde una asociación. Mañana (por hoy) yo me reúno con el ministro de Comunicaciones del Japón, que de alguna manera es el que arranca con la norma, y la idea es tener una norma abierta, la norma nipo-brasileña». De Vido justificó esta inminente decisión no sólo por razones de integración y cooperación con Brasil, sino porque las características «flexibles y abiertas» de la norma en cuestión «nos abrirían una posibilidad en la fabricación de conductores, de plasmas, de cajas de conversión, cosa que en los otros sistemas son un poco más cerrados».

Según el ministro, seguir una norma en común con Brasil reforzaría al Mercosur y la alianza latinoamericana, pese a que otros países de la región, como Colombia y Uruguay, se hayan inclinado por la norma europea DVB. De Vido recordó que todavía no eligieron norma Chile, Ecuador, Paraguay y Venezuela.

  • Patito feo

  • A fines de 2006, durante la ronda de presentaciones de los distintos consorcios de cada una de las normas de la TV digital, Japón fue casi el patito feo. Como si ya hubiera dado por descontado que la Argentina se inclinaría por la europea, fue la última en presentarse ante el gobierno.

    El consorcio norteamericano ATSC, que carga con el peso de ser la norma pionera pero la menos adecuada, según su diseño original al menos, para la recepciónen móviles, había hecho su presentación en la Embajada de los EE.UU., mientras que el grupo DVB lo hizo en Casa de Gobierno.

    En diciembre de 2006, un mes después, la Asociación de la Industria y Negocios de Radiodifusión del Japón hizo su presentación en las oficinas de NEC Argentina. Tadayoshi Mochizuki, consejero de la Embajada del Japón, dijo entonces a este diario aquello que hoy pondera De Vido: que la norma ISDB-T es «la más flexible en su utilizaciónde la banda. Las empresasemisoras pueden transmitirgratuitamente sus señales a los celulares y otros aparatos portátiles junto con la emisión a los televisores, sin requerir una inversión aparte».

    Brasil, país beneficiado por las inversiones japonesas y el desarrollo de una industria de decodificadores digitales a la que hoy aspira emular el gobierno, había adoptado en soledad la norma ISDB-T a mediados de 2006. Japón siempre sostuvo que la europea obligaba a realizar inversiones en equipos de transmisión diferenciados, ya se trate de celulares y televisión, en tanto que la norma japonesa unifica su emisión por la utilización de una « división de banda en 13 segmentos, de los cuales uno de ellos tiene alcance directo, y gratuito, a los celulares».

    Sin embargo, el horizonte que se avecina no es técnico sino político: más allá de que se adopte la norma japonesa, el Estado deberá decidir en un futuro cercano si los actuales licenciatarios de ondas de televisión continuarán reteniendo una única señal, o si ésta se multiplicará en ocho señales diferentes.

    Con el fin de la era analógica, el ancho de banda de cada una de las ondas digitales será de 6 Megahertz. En la actual tecnología analógica, eso sólo permite la existencia de una única señal; pero, en la modalidad digital, ese ancho hace que, gracias a la compresión de datos, sea posible la simultaneidad de cuatro canales, y ahora eventualmente de ocho (si se adopta, como parece, la norma japonesa-brasileña, cuya forma de compresión MPG4 admiten esa cantidad de canales).

    Pero aquí se plantea un nuevo problema: si el Estado decide que los licenciatarios de los canales de aire retengan una única señal, y se reserva para sí las siete restantes de una misma frecuencia para otorgar otras tantas licencias, esto impediría a las emisoras la futura transmisión en alta definición (HD), que requiere el empleo de la totalidad del ancho de banda, y obviamente esto sólo es posible si los canales disponen de ella. Pero, en ese caso, para los radiodifusores tampoco es una bendición disponer repentinamente de siete señales más, porque se plantearía el problema de los costos: tendrán el mismo ingreso publicitario para mantener no una, sino ocho señales.

    Y esto, que se limita al escenario de la televisión de aire (la modalidad más antigua), es apenas la punta del iceberg de lo que será el futuro digital. El «apagón analógico», que en los Estados Unidos se anuncia para febrero del año próximo, dejará «espacios en blanco» inmensos, que serán mayores a medida que en otros territorios cese el mundo analógico.

  • Punteros

    En los EE.UU. se ha formado una Alianza para la Innovación Inalámbrica formada, entre otros, por punteros tecnológicos como Google, Microsoft, Motorola, Philips, Hewlett-Packard y Dell. Intentan ante el gobierno, a cambio del control publicitario de ese espacio que quedará vacante, anchos de banda de una rapidez y economía tales que dejarían obsoleto al actual modelo de conexión Wi-Fi. Esa nueva autopista se llamaría Wi-Fi 2.0, y su puesta en práctica no deja de producir algunos temores similares al extinto fantasma del 2YK (el miedo tecnológico al nuevo milenio).

    Hay quienes dicen que cualquier señal, ya sea televisiva a gran escala como hogareña ( micrófonos inalámbricos y webcams en las PC, por ejemplo) o, inclusive, los recitales de rock, podrían verse interferidos de manera caótica, aunque los mismos patrocinantes de esa autopista digital ya están desde ahora conteniendo esas angustias. El futuro es indetenible.
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