Durante décadas, las calles porteñas se poblaron de disfraces caseros, música fuerte y encuentros barriales que rompían la rutina. El Carnaval fue mutando junto a la ciudad, acompañando cambios sociales, migratorios y culturales. Hablar de esta celebración implica reconocer una trama compleja. Convivieron tradiciones traídas desde Europa, prácticas afrodescendientes muchas veces invisibilizadas y expresiones populares que incomodaron al poder.
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En ese recorrido aparece la murga, hoy asociada casi de manera automática al Carnaval porteño. Su presencia, sin embargo, no fue inmediata ni lineal. Llegó, se transformó y se volvió símbolo, aunque ese proceso tuvo idas y vueltas que todavía generan discusiones entre historiadores y protagonistas del ambiente.
Las primeras celebraciones carnavalescas en Buenos Aires se remontan al período colonial. Influenciadas por costumbres españolas, incluían bailes de máscaras, juegos con agua y harina, y reuniones que mezclaban a distintos sectores sociales. En el siglo XIX, con la ciudad en expansión, el Carnaval empezó a ordenarse a través de corsos oficiales y reglamentos municipales.
A fines de ese siglo y comienzos del XX, los festejos reflejaban una sociedad atravesada por la inmigración. Comparsas de italianos, españoles y criollos desfilaban con estandartes, carrozas y bandas musicales. En paralelo, persistían prácticas populares menos aceptadas por las elites, vinculadas al uso irreverente del espacio callejero y a la burla de figuras de autoridad.
El Carnaval también sufrió interrupciones. Durante distintos gobiernos conservadores y, más tarde, en dictaduras del siglo XX, fue limitado o directamente suspendido. Esa oscilación muestra que no se trató solo de una fiesta: fue un termómetro social, a veces tolerado, otras veces visto como desorden. Esa ambigüedad explica parte de su historia.
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Cuándo llega la murga
La murga porteña, tal como se la conoce hoy, comenzó a consolidarse en las primeras décadas del siglo XX. Recibió influencias del carnaval uruguayo, aunque desarrolló rasgos propios: bombos con platillo, coreografías marcadas, letras picarescas y una estética barrial inconfundible.
En los barrios del sur y del oeste, grupos de vecinos empezaron a organizarse de manera informal. Ensayaban en plazas, galpones o esquinas, muchas veces a pulmón. La murga funcionó como espacio de pertenencia, sobre todo para jóvenes de sectores populares. Ahí se cantaban alegrías, reclamos y chistes con doble sentido, todo junto.
Con el paso del tiempo, la murga ganó visibilidad y reconocimiento institucional, aunque no sin debates internos. Algunos defienden estilos más tradicionales; otros apuestan por fusiones musicales o puestas en escena diferentes.
Carnaval 2026: qué días caen los feriados
En la Argentina, el Carnaval cuenta con dos feriados nacionales, recuperados de manera estable desde 2011. En 2026, las fechas corresponden al lunes 16 y martes 17 de febrero, lo que habilita un fin de semana largo muy esperado por comparsas, murgas y público en general.
Durante esos días, Buenos Aires suele concentrar corsos en distintos barrios, con cortes de calle, escenarios al aire libre y propuestas gratuitas.
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