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Esos vehículos, tan emblemáticos de la capital británica como las cabinas de teléfono del mismo color, los espaciosos y cómodos taxis negros o el Big Ben, no desaparecerán, sin embargo, por completo de las calles londinenses.
El motivo esgrimido por el organismo regulador de los transportes públicos es que esos autobuses no están preparados, como los de modelos posteriores para las sillas de ruedas de los inválidos o los carritos de bebés.
Sin embargo, para solaz de futuros visitantes, algunos de ellos han sido asignados a dos rutas "históricas", que pasan por las cercanías de las mayores atracciones turísticas de la capital británica.
Una de las líneas va desde la plaza de Trafalgar, donde está la Galería Nacional de Arte, hasta la Torre de Londres y recorrerá la también famosa Fleet Street, antigua calle de la prensa, hoy abandonada por los periódicos, que han trasladado sus oficinas a los viejos muelles del Támesis.
Otra de las líneas parte del edificio circular del Royal Albert Hall, uno de los mayores auditorios del mundo, construido en tiempos de la reina Victoria y dedicado a su esposo, tradicional escenario de los conciertos "prom" de la BBC, y pasa junto a los célebres almacenes "Harrod's" y la estatuilla de Eros en la plaza de Picadilly.
El resto de los autobuses, hasta un total de 350 han sido vendidos ya a particulares y, debidamente acondicionados, se utilizarán para los fines más diversos: desde bares hasta cobijos para los sin techo.
Cerca de cuarenta de esos vehículos, convenientemente restaurados por una empresa del condado de Essex, la Ensign Bus Company, pueden adquirirse todavía por precios que oscilan entre 17.500 y 51.000 euros.
Parece ser que la gente se rifa los vehículos ya jubilados: hay quien los quiere utilizar para festivales de música u otro tipo de reuniones mientras que otros sueñan con hacer un largo viaje en ellos por el continente.
Hay, sin embargo, un problema, según advierte el propietario de la citada empresa, y es que los autobuses tienen una altura de 4,3 metros y los países continentales tienen limitaciones de altura en carretera de 4 metros.
Los Routemasters no son, pese a todo, los pioneros entre los autobuses de la capital, sino que ha habido distintos modelos desde que George Schillibeer introdujo en 1829 el primer servicio regular de omnibuses, tirado cada uno por tres caballos.
El inmediato antecesor de los Routemasters es el muy similar RT, que estuvo en servicio desde 1939 hasta finales de los setenta con una flota de cerca de 7.000 unidades.
Muchos van a echar de menos en cualquier caso esos vehículos, comenzando por conductores y cobradores, algunos de los cuales perderán su trabajo ya que los vehículos de dos puertas que los sustituyen sólo llevan al conductor.
Buena parte de esos empleados son inmigrantes, y tendrán que buscarse otros empleos.
Así, uno de ellos, músico en sus ratos libres, dijo a EFE que se volverá a su país para tentar su suerte con la guitarra.
El príncipe de Gales, inclinado a la nostalgia como muchos británicos, se ha quejado en más de una ocasión de la desaparición de esos autobuses no sólo por la destrucción de empleo que supone sino porque los nuevos paralizan muchas veces el tráfico, dado que el conductor tiene que hacer con frecuencia las veces de cobrador y se demora más en las paradas.
Pero lo que sobre todo echarán en falta muchos es la libertad asociada a esos vehículos, que permitían subir y bajar al viajero en cualquier momento del recorrido sin que tuviese que esperar, como en los nuevos, a que el conductor le abriera la puerta.
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