La tradición popular dice que el 30 de agosto, Día de Santa Rosa de Lima, llueve a cántaros y sopla un viento feroz, pero la verdad es muy otra porque hace una década que no ocurre.
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Más aún: en los últimos cien años, sólo siete veces llovió el 30 de agosto en el Conurbano y apenas cuatro en la Capital.
Pero, a consecuencia de la intensa ola de calor de estos días, el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) ha previsto que la tormenta de Santa Rosa llegará en la noche del domingo 30, es decir, que por primera vez en diez años, puede ser puntual.
Según los registros, desde 1906 en el Conurbano sólo llovió siete veces en 30 de agosto, en tanto que en Buenos Aires hubo precipitaciones ese día de 1991, 1992, 1993 y 1999.
La historia recuerda que el 30 de agosto de 1615, en Callao, Perú, la Iglesia dispuso que se elevaran rezos en todos los monasterios para evitar la invasión de los holandeses calvinistas cuyos barcos se aproximaban a la costa.
Mientras los frailes tomaban las armas, desde la capilla de San Gerónimo una joven elevaba sus ruegos al cielo: "Una tormenta, Señor, te ruego una gran tormenta que evite el desembarco".
En Callao, en virtud de un microclima muy especial, es improbable que llueva, por eso los sorprendidos fieles católicos le atribuyeron la tormenta a los ruegos de la joven, que pasó a la historia como Santa Rosa de Lima.
Isabel Flores de Oliva, tal su verdadero nombre, había nacido en esa ciudad el 30 de abril de 1586 y fue la primera santa americana.
Rosa nunca llegó a ser monja, tan solo vistió el hábito laico de la Tercera Orden Franciscana del Convento de Santo Domingo y su clausura consistió en recluirse en el fondo de su casa, en una cabaña, donde cuidaba las plantas y atendía a enfermos y mendigos.
Se cuenta que el 1 de agosto de 1617, orando en la iglesia de Santo Domingo, recibió la revelación divina de que pronto moriría. La enfermedad acabó con ella el 24 de agosto de 1617, a los 31 años, y fue enterrada en la iglesia.
En 1632 concluyó el proceso para su beatificación, pero el Papa Urbano VIII postergó la proclamación hasta cumplidos los 50 años de su muerte. Por una dispensa del papa Alejandro VII, el 3 de marzo de 1665 la Sagrada Congregación de Ritos pudo firmar el decreto de las virtudes heroicas de Rosa de Lima.
La enorme influencia del Perú sobre el Río de la Plata provocó en el sur una profunda devoción por ella.
Durante su festividad se fue observando que con cierta regularidad se presentaban truenos, relámpagos y lluvias, de lo que pronto nació el mito de la "tormenta de Santa Rosa".
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