La nueva configuración de la familia, el impacto del sida o el peso del envejecimiento en los sistemas de protección social en Europa y a escala planetaria son algunos de los numerosos temas previstos en esta edición, que se clausurará el próximo día 23.
Demógrafos, sociólogos, especialistas de la salud, urbanistas e historiadores forman el grueso de los expertos que analizarán además la evolución de las emigraciones internacionales y el efecto del aumento de la población mundial en el medioambiente.
Organizado por la Unión Internacional de Demógrafos, este Congreso, que se celebra cada cuatro años -la anterior edición fue en Brasil-, tiene las miras puestas en los retos y las consecuencias de la explosión demográfica mundial en el último siglo.
De mil millones de habitantes en 1800 se pasó a 2.000 millones en 1930, a 3.000 millones en 1960, a 4.000 millones en 1974, a 5.000 millones en 1987, a 6.000 millones en 1999 y, según las previsiones de los demógrafos de Naciones Unidas, se alcanzará los "9.000 o 10.000 millones" dentro de 45 años.
"Eso equivale a 3.000 millones más que ahora. Es mucho, pero es controlable", según la presidenta del comité internacional de la organización del Congreso de Tours, Catherine Rollet, autora de un libro completo y pedagógico sobre la demografía: "La population du monde-six milliards, et demain?", editado por Larousse.
Asia es probablemente el continente que permitirá sobrepasar ese umbral de los 9.000 millones de habitantes en 2050, ya que ahora contabiliza seis de cada diez nacimientos en el mundo y alberga a dos países que contienen más de un tercio de la población mundial: China (1.300 millones de habitantes) e India (1.100 millones).
El 61 por ciento de la población mundial vive en Asia; el 14 por ciento, en Africa; el 11 por ciento, en Europa; el 9 por ciento, en América Latina; el 5 por ciento, en América del Norte; y menos del 1 por ciento, en Oceanía; según un estudio publicado este mes por el Instituto Nacional de Estudios Demográficos de Francia (Ined).
Esa población está repartida muy desigualmente, ya que los seis países más poblados de la Tierra (China, India, Estados Unidos, Indonesia, Brasil y Pakistán) tienen 3.300 millones de almas, lo que equivale a más de la mitad del total mundial.
La nota tranquilizadora, según Rollet, es que los demógrafos disponen de útiles teóricos y estadísticos que permiten suponer que "la población del mundo debería estabilizarse de aquí a un siglo".
El problema que se plantea a nivel mundial es la bajada generalizada de la fecundidad, especialmente en los países desarrollados y más en concreto en Europa, donde la tasa es inferior a 2,1 niños por mujer, nivel considerado como necesario para garantizar la renovación generacional.
Eso, unido a que la esperanza de vida sigue aumentando en países donde ya es elevada debido a los avances de la medicina, alarga la sombra de los temores a un envejecimiento generalizado del planeta.
En 2005, sólo el 10 por ciento de la población tiene menos de 5 años, el 19 por ciento tiene entre 5 y 14 años, el 18 por ciento entre 15 y 24 años, el 43 por ciento entre 25 y 59 años y el 10 por ciento tienen más de 60 años, según el Ined.
El problema del envejecimiento se plantea sobre todo en la Unión Europea (UE), donde es una preocupación mayor, y donde los 25 países que la integran deberán acoger no menos de 20 millones de inmigrantes entre 2010 y 2030 para hacer frente a esa realidad.
Esa es al menos la estimación de la Comisión Europea, que cree que sólo la llegada masiva de esa mano de obra podrá ayudar a asegurar las pensiones y salvar sectores económicos tan diversos como la enfermería, la agricultura o el automovilístico.
Pero la inmigración es igualmente un problema para los países que pierden su mano de obra, a veces muy cualificada.
En cuanto al miedo al "fontanero polaco" (temor a la invasión de mano de obra barata procedente de otros países, que se puso de relieve recientemente en Francia), los expertos lo consideran injustificado y señalan que todo dependerá del ritmo con el que evolucionen los países recién entrados en la UE, pues generalmente las personas prefieren vivir en los lugares donde han nacido.
En 2005, el 98 por ciento de los humanos viven en sus países natales, donde el 49 por ciento residen en ciudades y el resto en el campo, según el Ined.
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