Claudio Sartal fue condenado a prisión perpetua y quedó detenido por instigar el crimen de su ex esposa Andrea Pajón, la docente asesinada en 2008 en la localidad bonaerense de Castelar, mientras que resultó absuelto otro hombre juzgado como presunto autor material del homicidio.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
El fallo fue dado a conocer hoy por el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 3 de Morón, integrado por los jueces Diego Bonanno, Raquel Lafourcade y Moralejo Rivera.
Tanto Sartal como el coimputado Gabriel Varas habían llegado al debate en libertad, pero tras condenar al ex esposo de la víctima, el tribunal ordenó su inmediata detención que se produjo dentro de una sala de audiencias que permaneció casi en silencio.
De manera unánime, el TOC 3 consideró Sartal como instigador penalmente responsable del delito de "homicidio calificado por el vínculo y la participación de dos o más personas".
En su alegato, los fiscales de juicio Hernán Alarcón y Adrián Ferreyra habían acusado al hombre por el mismo delito más el agravante de "promesa remuneratoria", pero los jueces no dieron por probado el supuesto pago de 10.000 pesos a Varas ni a ningún otro autor material del crimen.
Por su parte, Sartal se había declarado inocente y su abogado, Marcelo Mazzeo, pidió su absolución por falta de pruebas.
Sin embargo, el tribunal fundamentó en la sentencia que el crimen estuvo vinculado a la historia del matrimonio y su separación y, en ese sentido, opinó que "la conducta desplegada por Sartal contra su expareja constituyó sin duda una afectación a la libertad para llevar adelante una vida normal".
"Un matrimonio desquiciado, la imposibilidad de mantener un diálogo, la obsesión a rajatabla, los reiterados anuncios de muerte y los términos utilizados para amedrentarla eran moneda corriente", señaló el juez Bonanno en su voto, al que adhirieron los otros dos magistrados.
Los jueces tuvieron en cuenta la declaración de varios familiares de la víctima, entre ellos su madre María Ofelia Fernández y su hijo mayor Leandro Sartal, quienes declararon durante el debate que creían que el ex esposo había mandado matarla porque él no aceptaba la separación y estaba "obsesionado" con ella.
Estos testigos también se refirieron al hostigamiento, persecución y amenazas de parte del ahora condenado hacia la víctima, a la que él llegó a decirle: "Si no sos mía, no vas a ser de nadie" y "te voy a matar".
El tribunal también se refirió a la testigo clave, Paula Soledad Silveyra, que al momento del crimen era pareja de Sartal y declaró en el juicio que éste le admitió que había contratado a un sicario para matar a la docente.
Durante el debate, la defensa de Sartal cuestionó la validez del testimonio por los rasgos de personalidad de Silveyra, por lo que ésta fue sometida a un peritaje psicológico y otro psiquiátrico.
"A lo largo de la declaración (...) los sucesos que la misma relatara encuentra sólido sustento en las circunstancias que aquí vengo analizando, motivo por el cuál, habré de sostener no sólo la viabilidad del testimonio brindado sino la veracidad de su contenido", indicó Bonanno.
En tanto, tras conocerse el fallo, la madre de la víctima en medio del llanto dijo: "Con la sentencia sólo recupero algo de paz porque no tengo a mi hija viva y vamos a seguir sufriendo por su ausencia".
"Yo sólo pienso en mis nietos, porque tienen a su madre muerta y a su padre preso", agregó la mujer. Por su parte, Mario Pajón, padre de la docente, expresó: "La verdad que me siento con un poco de alivio porque mi hija ahora a descansar en paz. Pero todavía queda encontrar realmente quien apretó el gatillo del arma que mató a mi hija".
El hecho ventilado en el debate ocurrió el 27 de agosto de 2008 cuando Pajón (39) salía junto a su hijo menor, que entonces tenía 13 años, de su casa de la calle Pasadores al 3600, del barrio San Juan, en Castelar Sur.
En ese momento, dos hombres se le acercaron y, sin mediar palabra, uno de ellos la arrojó al suelo, le apoyó un arma de fuego en la cabeza y le disparó dos veces a la altura del oído. Los agresores escaparon sin robar nada, en tanto que la víctima fue trasladada a un hospital donde murió un día después.