Cómo se vive hoy la "nueva normalidad" en Bérgamo a seis meses de la tragedia

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A fines de marzo, se registraba en pico de muertes. En la actualidad, todas las actividades están abiertas, con protocolos sanitarios. También volvieron las clases.

Hace seis meses, Italia vivía el momento más dramático cuando las muertes por coronavirus llegaban a su pico. Las imágenes de camiones del ejército repletos de ataúdes recorrieron el mundo. Provenían de Bérgamo, la ciudad más golpeada por la pandemia en la que, hoy, sus habitantes se van acostumbrando lentamente a la “nueva normalidad”. Una forma de conocer por experiencia ajena lo que se puede esperar, en países como la Argentina, para cuando los contagios dejen de crecer.

“De a poco, se está recuperando el ritmo habitual. La gente sale, hace su vida como siempre aunque con las restricciones que imponen las medidas sanitarias” explicó Claudia, una argentina que vive allí desde hace 20 años.

Los negocios están abiertos en su totalidad. Restaurantes, bares, hoteles, shopping tratan de recuperar el tiempo perdido. No es fácil. Los comerciantes aseguran que están lejos de los niveles de ventas previos al lock down. Según la cámara local que agrupa a las industrias de la región, la caída de la demanda se remonta a los niveles de siete años atrás.

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Ubicada a en el corazón de la Lombardía, a unos 50 kilómetros de Milán, una de las principales fuentes de ingresos es el turismo. De hecho, en las afueras de la ciudad está ubicado el aeropuerto low cost que, en tiempos normales, moviliza miles de viajeros aunque, en estos días, son pocos los turistas que la visitan. Tampoco son muchos los habitantes del lugar que se tomaron vacaciones. Por la crisis económica y las restricciones para desplazarse que todavía siguen, la mayoría prefirió dejar los viajes para más adelante. También el miedo a exponerse a contagios sigue presente. Sólo los más jóvenes se animaron a dejar la ciudad. El uso de barbijo es obligatorio para ingresar a cualquier local. No para circular por la calle. Todos los locales tienen una capacidad limitada de personas en su interior y en los centros comerciales se toma la temperatura a cada cliente que ingresa. En los lugares gastronómicos, las mesas están dispuestas en el exterior pero, a diferencia de la ciudad de Buenos Aires, no hay lugares marcados en las veredas o calles. El distanciamiento queda en la responsabilidad de los dueños de los lugares y en la propia gente. Hasta la pandemia, tener mesas en la calle era un costo alto por los impuestos que cobra la comuna pero esa medida está suspendida ante el impedimento de habilitar mesas en lugares cerrados. Hoy, tratan de ubicar la mayor cantidad en cualquier lugar disponible aunque, aún así, se trabaja a un nivel bajo. La preocupación pasa ahora por lo que sucederá cuando el otoño que comienza hoy se instale con temperaturas menos agradables. Ese es un temor generalizado en los comerciantes. Que la llegada del frío obligue a nuevos cierres. De hecho, algunos negocios lograron reabrir hace pocas semanas. Un buen número de los comercios – sobre todo de aquellos que alquilaban – cerraron definitivamente al no poder la parálisis de la actividad.

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Lo más importante que sucedió en la ciudad en los últimos días fue la reapertura de los colegios. Eso sirvió como estímulo para la población y una señal de esperanza. “Que las escuelas estuvieran cerradas era como tener presente todo lo malo que nos pasó. Al ver los chicos por las calles otra vez le cambió el ánimo a la ciudad” señaló Claudia. Desde hace dos semanas, se reiniciaron las clases de forma piloto y con la concurrencia parcial de alumnos pero, desde el lunes pasado, funcionan con total normalidad.

Lo que está claro es que la recuperación es lenta y el costo muy alto. Si bien hay miedos de una segunda ola, se cree que no será con el dramatismo que la anterior. La gente aprendió a cuidarse y nadie quiere volver al infierno de seis meses atrás.

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