2 de abril 2004 - 00:00
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Madres de otras víctimas como Blumberg participaron ayer del homenaje, donde se hizo un minuto de silencio. El acto juntó a más de doscientas mil personas que escucharon el discurso del padre del joven asesinado.
Juan Carlos Blumberg, padre del joven asesinado, se encontraba en la Cámara de Diputados junto con Daniel Scioli y Eduardo Camaño, todavía no había hecho su aparición. En el escenario ya estaba preparado el coro Kennedy y cerca de las vallas de seguridad que rodeaban el edificio legislativo, las familias de las víctimas de la inseguridad -entre ellas, parientes de Diego Peralta, Natalia Melmann, Pablo Díaz, Marcos Schenone, Juan Manuel Canillas, Pablo Bellucio y decenas de otros más-sostenían carteles con fotos y gritaban «¡Justicia!».
En la mayor autoconvocatoria que el país tuvo alguna vez en reclamo de seguridad y aun de cualquier acto político por su espontaneidad (mucho más que el «cacerolazo» del 19 de diciembre de 2001). No se vieron banderas salvo argentinas, escasas pancartas porque hubo pocos militantes y perdidas en tremenda multitud. Alrededor de las 18 -una hora antes del inicio-, integrantes del Polo Obrerose hicieron presentes (así lo habían anticipado). Al igual que lo hizo Luis Zamora en el intento de entregar volantes propagandísticos relacionados a la inseguridad. Poco duraron. Los presentes se encargaban de prohibirles a los politizados la entrega muy descortésmente y hasta de echarlos de los accesos a la Plaza.
Se cantó en reiteradas oportunidades: «Se va a acabar la costumbre de matar»; «el pueblo unido, jamás será vencido» y un intermitente y repetido «justicia» hasta producida la desconcentración. Silbidos y aplausos es lo que más se notó, lógico en actos sin punteros.
• Mayor emoción
Cuando se hizo presente Blumberg -con un retraso de 8 minutos-, se produjo un aplauso realmente ensordecedor que se fue extendiendo hacia quienes ni lo veían por la posibilidad de acercarse. Las velas produjeron algunas quemaduras y 250 personas debieron ser auxiliadas preferentemente por la falta de aire por los apretujamientos por voluntarios de la Cruz Roja con casco y pocos efectivos policiales que vigilaron el pacífico y emotivo hecho.
Blumberg pidió un minuto de silencio por su hijo asesinado y desde lejos -había gente hasta 5 cuadras a la redonda-, se escuchó: «Axel, Axel».
El momento de mayor emoción se produjo cuando se entonaron las estrofas del Himno Nacional y el coro interpretó «El día después».


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