El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
«The Sunday Times», de Londres, anticipó de este modo la aparición del libro del psicoanalista parisino Alí Magoudi, «Rendez Vous: El psicoanálisis de François Mitterrand». Este profesional aseguró a su editor que las cintas de donde proviene la información son genuinas, aunque no pudo aseverar lo mismo con respecto a los dichos del presidente galo, que concurría a su consultorio, donde hablaba sobre éste y otros temas.
Lo curioso es que colaboradores allegados a la Thatcher admitieron que la primera ministra nunca creyó que Mitterrand la fuera a ayudar como lo hizo. Ambos no tenían una buena relación. El francés comentó que ella lo hacía responsable de «este nuevo Trafalgar». Y confió: «Me vi obligado a ceder», con el argumento de que «no se puede ganar la lucha contra el síndrome insular de una mujer inglesa desenfrenada». Su sorpresa pasaba porque estaba dispuesta a «¡provocar una guerra nuclear por unas pequeñas islas pobladas por tres ovejas peludas y congeladas!».
Sin embargo, ese apriete generó rencor en el presidente francés, que a través de sus confesiones a Magoudi se mostró algo fantasioso. «Yo tendré la última palabra», cuenta que dijo, y agregó: «Su isla... yo seré quien la destruirá. Juro que su isla muy pronto dejará de serlo. Tendré mi venganza. Ataré Inglaterra a Europa, a pesar de su natural tendencia al aislamiento. ¿Cómo? Construiré un túnel bajo el canal. Tendré éxito en lo que Napoleón III fracasó».
Este relato da sustento a la versión de que los buques del grupo naval de tareas británico que navegó rumbo a las Malvinas tenían armamento atómico. Y que la ayuda prestada por los EE.UU. no fue tan decisiva como el hecho de contar, por ejemplo, con información sobre el radar del Exocet que tenían gracias a Francia. Y que tenían previsto el bombardeo nuclear a la provincia de Córdoba si eran derrotados en el Teatro de Operaciones Malvinas, en el Atlántico Sur.