Incoloro, inodoro e insípido, el monóxido de carbono es un gas altamente tóxico que puede resultar letal al ingresar al organismo. Su presencia se origina en la combustión incompleta de materiales como el carbón, la madera o el petróleo, y sus efectos van desde síntomas leves - como náuseas, vómitos y embotamiento - hasta manifestaciones graves como convulsiones, arritmias, coma e incluso la muerte.
En invierno, los casos de muerte por monóxido de carbono, como ocurrió recientemente en Villa Devoto - donde cinco personas, incluida una niña de cuatro años, fueron halladas sin vida en una vivienda -, aumentan ante la falta de información y correctas instalaciones y ventilaciones.
Qué es el monóxido de carbono y qué pasa cuando ingresa al cuerpo
Este gas, conocido como CO, entra al cuerpo humano a través de la respiración. Una vez en los pulmones, llega a los alveolos y se adhiere a la hemoglobina, desplazando al oxígeno.
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Cómo actúa el monóxido de carbono una vez que ingresa a nuestros pulmones.
El monóxido tiene 250 veces más afinidad por la hemoglobina que la molécula de oxígeno, por lo que el gas tóxico reemplaza al compuesto que precisamos para vivir. Cuando esto sucede, los órganos vitales - como el cerebro, el corazón y los riñones - dejan de recibir oxígeno y comienzan a absorber únicamente monóxido.
El gas actúa a través de la hemoglobina, proteína encargada del transporte de oxígeno desde los pulmones hacia los tejidos, y desencadena una serie de daños que puede culminar en hipoxia - falta de oxígeno - o hipoxia histotóxica, cuando las células no logran utilizar el oxígeno disponible, pese a que la sangre lo transporta adecuadamente.
Estufas a gas monóxido carbono invierno
La calefacción de los hogares, uno de las causas más frecuentes en las intoxicaciones con monóxido de carbono.
La inhalación de monóxido provoca una drástica reducción del oxígeno en el cuerpo. Si no se actúa con rapidez, esto puede derivar en fallas orgánicas, coma o muerte. El tiempo que tarde en desatar un cuadro grave depende del nivel de concentración de CO en un espacio. En los casos en que es muy alta, el efecto en el cuerpo es más nocivo.
Los síntomas de intoxicación
Los diferentes síntomas varían según el nivel y la duración de la exposición. Entre los más frecuentes pueden encontrarse:
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Dolor de cabeza
Mareos y debilidad
Náuseas y vómitos
Dolor en el pecho
Confusión mental
Pérdida de conciencia
En los casos leves, la mejor respuesta es una exposición inmediata al aire fresco. Si el cuadro es más grave, se administra oxígeno con mascarilla, y en situaciones extremas se recurre a una cámara hiperbárica para forzar la absorción de oxígeno en la sangre.
Cómo prevenir la intoxicación
Entre las principales recomendaciones para evitar este tipo de incidentes se encuentran:
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Revisar las instalaciones de gas: es fundamental asegurar el buen funcionamiento de estufas, hornallas y calefactores. Si la llama no es azul y presenta tonos amarillos o anaranjados, se debe consultar a un gasista matriculado.
Ventilar a diario los ambientes: incluso en días fríos, es necesario abrir puertas y ventanas al menos una vez por día para renovar el aire y evitar acumulaciones de gases peligrosos.
Evitar dejar artefactos encendidos durante la noche: dormir con la estufa prendida puede representar un riesgo fatal si el equipo no tiene una salida al exterior.
Instalar detectores de monóxido: estos dispositivos, accesibles y de fácil uso, permiten identificar la presencia del gas a tiempo y prevenir desenlaces fatales.
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