27 de abril 2008 - 00:00
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Ariel relató que tras ser secuestrado lo llevaron hasta la casa de Tigre donde estuvo cautivo 16 días hasta que anoche fue liberado por la policía.
"Estaba todo oscuro, pusieron la cama y me encadenaron. Siempre estuve en el mismo lugar, nunca me trasladaron", recordó.
Durante esos días, el joven dijo que los secuestradores le decían que no lo iban a matar y que lo iban "a largar".
"Pero nunca podes confiar en un secuestrador", sostuvo.
Ariel contó que en el lugar de cautiverio eran dos los que lo cuidaban, encapuchados, por los que no los puede reconocer, y que con uno de ellos entabló una especie de "amistad".
"Con el chico estaba día a día. Era una amistad rara, porque el muchacho me traía la comida, la gaseosa, me higienizaba pero en el fondo lo odiaba", describió.
Los captores dejaban en la habitación la radio encendida con música y a veces le dejaban leer el diario o una revista de autos.
"También hacía ejercicio, abdominales, para pasar el tiempo, que se hacía interminable", dijo Ariel, que reconoció que no podía escapar porque la cadena era ancha y estaba abulonada a la pared.
Consultado sobre que le pasaba por su cabeza para soportar el tiempo en cautiverio, el joven respondió: "Pensaba en mi familia y en todos mis seres queridos. Pensaba que tengo 24 años y quería seguir viviendo".
Sobre el momento de la liberación, dijo que escuchó que le gritaban `Ariel, Ariel`, pero pensó que eran los secuestradores que lo iban a cambiar de lugar, no la policía.
"Cuando entró la policía fue una sensación espectacular. Fue maravilloso", expresó el joven entre lágrimas, al tiempo que volvió a agradecer al gobernador bonaerense Daniel Scioli por haber estado en persona en el lugar donde lo liberaron.
Respecto de cómo va a seguir su vida a partir de lo que le sucedió, Ariel sostuvo: "Habrá que tomar más precauciones pero mi vida va a seguir igual, soy un pibe normal, laburador, así que voy a levantarme todos los días a las 5, como siempre, para ir a trabajar".
"Me tocó a mí, pero le puede tocar a cualquiera", concluyó el joven mientras a su lados lo abrazaban su madre Virginia y su padre Roberto.
"Es el día más feliz de mi vida. Fue como haber parido de nuevo. Volvimos a vivir", sostuvo la mujer. Por su parte, Roberto pidió que "que se siga trabajando para que esto no vuelva a pasar nuca más a nadie".



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