Perreta: "Pensé que iba a terminar de otra forma"

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Ariel Perretta, el joven de 24 años liberado anoche en el partido bonaerense de Tigre tras permanecer secuestrado 16 días, dijo hoy que nunca temió por su vida y que "tenía fe en que todo iba a terminar bien".

"(Los secuestradores) nunca me trataron mal, ni me pegaron. Tampoco temí por mi vida", expresó el joven este mediodía a la prensa desde la puerta de su casa de Ciudad Evita, antes de compartir un asado con su familia y amigos.

"Tenía fe, pero pensé que iba a terminar de otra forma", dijo el joven.

"A pesar que estuve con gente que me trató bien y me dio de comer, no me olvido de que estaba secuestrado y tengo mucha bronca y le deseo lo peor", aclaró Ariel, quien aseguró que no se pagó ningún rescate y que los 3 millones de dólares que exigieron sus captores era "imposible" de reunir para su familia.

Ariel, quien dijo sentirse "contento" de poder "estar en casa con mi mamá y mi papá", relató como fueron las instancias de su secuestro que comenzó el 10 de abril pasado.

Sobre le momento de la captura contó: "Fue una fracción de segundos, cuando te apuntan con un arma lo que menos querés es verles las caras y haces lo que te dicen porque algún margen de error en ese momento te puede costar la vida".

Ariel relató que tras ser secuestrado lo llevaron hasta la casa de Tigre donde estuvo cautivo 16 días hasta que anoche fue liberado por la policía.

"Estaba todo oscuro, pusieron la cama y me encadenaron. Siempre estuve en el mismo lugar, nunca me trasladaron", recordó.

Durante esos días, el joven dijo que los secuestradores le decían que no lo iban a matar y que lo iban "a largar".

"Pero nunca podes confiar en un secuestrador", sostuvo.

Ariel contó que en el lugar de cautiverio eran dos los que lo cuidaban, encapuchados, por los que no los puede reconocer, y que con uno de ellos entabló una especie de "amistad".

"Con el chico estaba día a día. Era una amistad rara, porque el muchacho me traía la comida, la gaseosa, me higienizaba pero en el fondo lo odiaba", describió.

Los captores dejaban en la habitación la radio encendida con música y a veces le dejaban leer el diario o una revista de autos.

"También hacía ejercicio, abdominales, para pasar el tiempo, que se hacía interminable", dijo Ariel, que reconoció que no podía escapar porque la cadena era ancha y estaba abulonada a la pared.

Consultado sobre que le pasaba por su cabeza para soportar el tiempo en cautiverio, el joven respondió: "Pensaba en mi familia y en todos mis seres queridos. Pensaba que tengo 24 años y quería seguir viviendo".

Sobre el momento de la liberación, dijo que escuchó que le gritaban `Ariel, Ariel`, pero pensó que eran los secuestradores que lo iban a cambiar de lugar, no la policía.

"Cuando entró la policía fue una sensación espectacular. Fue maravilloso", expresó el joven entre lágrimas, al tiempo que volvió a agradecer al gobernador bonaerense Daniel Scioli por haber estado en persona en el lugar donde lo liberaron.

Respecto de cómo va a seguir su vida a partir de lo que le sucedió, Ariel sostuvo: "Habrá que tomar más precauciones pero mi vida va a seguir igual, soy un pibe normal, laburador, así que voy a levantarme todos los días a las 5, como siempre, para ir a trabajar".

"Me tocó a mí, pero le puede tocar a cualquiera", concluyó el joven mientras a su lados lo abrazaban su madre Virginia y su padre Roberto.

"Es el día más feliz de mi vida. Fue como haber parido de nuevo. Volvimos a vivir", sostuvo la mujer. Por su parte, Roberto pidió que "que se siga trabajando para que esto no vuelva a pasar nuca más a nadie".

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