Ver, sentir y acariciar a los perros incrementa los niveles de actividad en la corteza prefrontal del cerebro, la zona vinculada a la interacción social, según un estudio de la Universidad de Basilea, Suiza. Los resultados de la investigación se basaron en la forma en la cual 21 voluntarios interactuaban con mascotas reales y con peluches, y cómo el movimiento en el área del cerebro continuaba aún cuando el animal no estaba presente.

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