Uno de los mayores focos de la protesta cacerolera de anoche fueron los alrededores de la residencia de Olivos. Desde el inicio se convocaron allí grupos de apoyo a la protesta del campo que seguían enfurecidos desde el sábado pasado, cuando el kirchnerismo desembarcó allí en medio de un cacerolazo con tres micros llenos de militantes que a palazos desarmaron la protesta.
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Anoche hubo otra estrategia. Los autos que se acercaban por la avenida Maipú a protestar formaron círculos para proteger a los manifestantes de nuevas refriegas con el oficialismo. El cacerolazo, entonces, comenzó a subir de temperatura mientras las puertas de Olivos permanecían selladas sin que nadie pudiera entrar o salir.
El clímax llegó cuando algunos manifestantes acusaron a un hombre de «infiltrado» y empezaron las trompadas. Tuvo que ser sacado en un móvil de la Policía que terminó con el parabrisas destrozado.
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