Por debajo, o por encima, de los debates, calladamente transcurre un drama que el país parecía haber superado hace un tiempo: el regreso de esa maldición que son los secuestros extorsivos, una de las mortificaciones más dolorosas sobre las víctimas, sus familias y también para la sociedad en su conjunto. Anoche se cumplieron cinco días de silencio por parte de los captores del hijo de un empresario de La Matanza, secuestrado el jueves pasado. Una trama de delincuencia que, con el paso de las horas, se reviste de otras connotaciones, hasta las políticas. El gobierno de la provincia de Buenos Aires presumía que no volverían las superbandas que parecen, por lo menos una de ellas, haberse reconstituido después de resonantes casos como Blumberg, Nine, Echarri, Ramaro, Rodríguez (el padre de "Corcho"), Peralta, cuyos captores habían sido detenidos, condenados o algunos muertos por la Policía. Este caso estremece al público y al gobierno por la audacia de mantener cinco días a la víctima en plena impunidad y reclamando una cifra igualmente audaz: tres millones de dólares.
La familia del joven de 24 años secuestrado seguía anoche a la espera de alguna noticia de parte de los secuestradores, que desde el pasado viernes no tomaron contacto con ninguno de los parientes. Esa situación hace que el nerviosismo vaya creciendo con el transcurrir de las horas.
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El silencio en el que están encerradas la pesquisa y la familia del secuestrado, hijo de un empresario metalúrgico de Villa Insuperable, hace que se torne imposible obtener alguna noticia concreta del camino que han transitado los investigadores hasta el momento. No obstante, según una versión policial, la información no es poca, pero no es publicable, a pesar de que la Policía está actuando de oficio, porque «no se hizo denuncia alguna» sobre el hecho. Sin embargo, de los escasos datos que trascendieron, se sabe que el joven pudo comunicarse con su padre el jueves pasado (día del secuestro) a través de un handy que la víctima tenía en su poder y que se piensa bien podría haber sido utilizado para enviar la primera pruebade vida de Ariel (el nombre del joven). Vecinos señalaron ayer que la familia está a la espera de otro llamado para reanudar con pistas firmes la transacción.
Aseguran fuentes de la pesquisa que el viernes también hubo un segundo llamado y que, en esa oportunidad, se recibió un pedido del rescate: 3 millones de dólares, cifra que, de acuerdo con lo que señalan los allegados, la familia no puede reunir de ninguna manera y que los sabuesos estiman que, de intentarlo, les sería sumamente difícil hacerlo en efectivo por la suma requerida.
De todas maneras, cualquier llamada que puedan recibir de los captores requerirá otra prueba concreta de vida del joven secuestrado, unido a una serie de garantías que pongan un piso cierto para retomar (o comenzar) un diálogo más serio y que se haga dentro de una suma razonable para la familia (si es que no están equivocados de rehén). La suma requerida -según gente de la pesquisa-representa «un verdadero disparate» que no resiste análisis alguno.
Lo único que se conoce hasta ahora en detalle es cómo se produjo el hecho: el joven iba en un Peugeot 206 (negro) hacia su domicilio particular, cuando en una esquina de la lindante localidad de Villa Madero otro vehículo lo embistió, y en la maniobra, Ariel fue a dar contra un contenedor que había en las inmediaciones. Los secuestradores aprovecharon el desconcierto del joven para introducirlo por la fuerza en otro automóvil.
Dicen que en el hecho tendrían que haber participado entre cinco y siete hombres. En el apuro por concretar el secuestro, los delincuentes dejaron abierta la puerta del auto del joven, situación que llamó la atención de los vecinos, que al día siguiente (el viernes) dieron la alerta policial. Avisada ya la Policía de un posible secuestro, se constató luego que el auto encontrado era del hijo del empresario.
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