Respuesta a Benegas Lynch (h)

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El abogado laboralista José Pepum Capdevila fue durante muchos años funcionario del Ministerio de Trabajo y se desempeña hoy como asesor de la cartera de Infraestructura. Conocedor del tema sindical, dirigió a este diario una carta de respuesta a la columna de Alberto Benegas Lynch (h) publicada por Ambito Financiero en la edición de ayer.

«Dirijo esta nota a raíz de la publicación en la página 18 de la edición del día de hoy, 8 de julio de 2008, de un escrito titulado por su autor, Alberto Benegas Lynch (h), «El problema es el peronismo». Seguramente el carácter que me impulsa a remitir esta nota se refiere a mi antigua vinculación a los temas laborales y al conocimiento que creo tener al respecto.

Con relación a la Ley de Convenciones Colectivas de Trabajo sancionada en octubre de 1953, durante el gobierno del general Perón, entiendo que fue útil para ubicar a las partes que debieran suscribir acuerdos referidos a salarios, condiciones y otros aspectos vinculados a una actividad definida. Incurre el autor del escrito en un error al afirmar que también la Ley de Asociaciones Profesionales de Trabajadores fuera sancionada en el mismo período presidencial. La Ley

14.455 fue sancionada y publicada el 24 de setiembre del año 1958, durante la gestión presidencial del Dr. Arturo Frondizi. En este caso también debo afirmar que esa ley sirvió para ordenar la proliferación de entidades que invocaban la representación sindical para la defensa a veces de intereses personales o ideológicos.

  • Personerías

    A través de su vigencia, con las modificaciones posteriores, también se puede observar que en más de una oportunidad, y no precisamente durante los gobiernos peronistas, se otorgaron indiscriminadamente personerías gremiales, esto es la convalidación jurídica, para intentar doblegar a una representación de una actividad específica. Tuvimos en el sector ferroviario y en el aeronáutico claros ejemplos de esa estrategia de división forzada.

    No puedo dejar de destacar que el jurista y experto más notableque conocí en mi larga trayectoria fue el doctor Horacio Ferro (padre), que con otros colaboradores fue el principal autor de las normas que hemos analizado y, además, durante la gestión presidencial del Dr. Frondizi ocupó un cargo en el Ministerio de Trabajo, como consecuencia del acuerdo político electoral con el general Perón. Allí pudo desarrollar y propiciar la legislación antedicha con el apoyo no sólo de la dirigencia sindical, sino también de una parte importante del sector empresario, que necesitaba determinar con quién y dónde se discutían los convenios de trabajo. El Dr. Ferro, injustamente olvidado hoy, fue un hombre inteligente, pragmático y simplemente honesto».
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