Susana Giménez
y su novio
oriental Jorge
Rama, en foto
de la revista
«Gente». La
diva exhibe una
camiseta con el
logo de la
automotriz que
la invitó a
Alemania, que
se puso encima
de otra que no
lo tenía. Pero
antes, con un
gesto, provocó
asombro y -por
qué no- un
recuerdo
inolvidable para
hinchas
argentinos.
Aún no había empezado el partido Argentina-Serbia y Montenegro. Estaba la ya tradicional emoción de 15.000 argentinos -más que en el primer partido- que siguen a la Selección. Pero la temperatura llegó al máximo cuando Susana Giménez mostró las lolas en plena tribuna. Surgió la sorpresa, aunque fue tan rápido el movimiento que no todos lo percibieron.
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Sucedió así. La estrella es invitada por el grupo Volkswagen pero tiene hotel aparte y auto aparte sin concurrir a los partidos en los lujosos micros, que son más cómodos en trayectos de horas porque hay movimiento, cantos, bebidas y diálogos. Los comentarios de Sergio Goycochea, también invitado del grupo VW, son estupendos.
Susana y Jorge Rama llegan pocos minutos antes de cada partido y la tribuna argentina estalla. Se instala junto a todos y comienza a repartir saludos, tira besos y soporta que decenas de hinchas salten atropelladamente por los asientos para fotografiarse con ella. Mezclados con barras bravas (los más notorios, los «Borrachos del Tablón» de River y «La Barra Roja» de Independiente) circulan figuras televisivas como Tinelli, Larry de Clay y Toti, la modelo Ingrid Grudke, Daniela Cardone, Gustavo Yankelevich, Guillermo Francella -recibe muchas muestras de cariño- y Marley. Pero la gran figura, la realmente ovacionada, es Susana Giménez. Siempre.
El episodio de sus lolas fue único, la perla de un viernes excepcional para el público argentino con ese inolvidable 6 a 0. Sucedió así: entraron Susana y Rama bajando por las escalinatas totalmente ocupadas por los barras bravas, que tienen entradas en asientos numerados como en todos los estadios alemanes, pero para poder cantar juntos y usar sus enormes bombos atronadores dejan libres sus butacas y se colocan en las largas escalinatas. Los policías alemanes los vigilan pero los dejan. Sumamente amable la custodia alemana. Casi sorprenden por tanta amabilidad. Palpan de armas a todos, inclusive a sus connacionales pero dejan ingresar bombos, banderas, elementos de estruendo pero no quieren petardos o parafernalia de fuegos artificiales. Susana y Rama pasaron entre besos y aplausos esa escalinata y fueron hasta sus asientos. Junto a Susana su pareja (siempre con ropa neutral porque es uruguayo pero aplaude a Argentina y sabe mucho de fútbol). Luego seguía en la butaca Héctor Méndez, presidente de la UIA, luego el periodista de Ambito y los restantes hombres de prensa del grupo Volkswagen, en realidad dos de «Telefé» que sólo aprovechan las entradas y los pasajes de Volkswagen porque no se dedican al grupo.
En la puerta de la fila, a unas 10 butacas, había quedado el organizador del tour de VW al Mundial. Notó que Susana, su invitada, esta vez se había puesto una camiseta de la Selección argentina pero no la de Volkswagen, que es la oficial pero con el logo de la empresa a la altura del pecho. A la distancia, Ronnie Frost le suplicaba a Susana que se pusiera su camiseta para las fotos que tanto le tomaban. La estrella por señas decía que no la tenía. Ronnie intentó sacarse la suya para ofrecérsela. Fernando Méndez -hijo del titular de la UIA en la fila de abajo- le acercó prestamente la suya a la estrella. Y ahí la gran sorpresa.
Susana lo mira a Ronnie y le dice que no podía cambiársela en plena tribuna porque no tenía ropa interior debajo. Ronnie desde lejos no entendía e insistía. Susana, para decirle con señas su imposibilidad del cambio, cruzó sus brazos, tomó el borde bajo de la camiseta y se la levantó mostrando sus hermosos y bien redondeados senos, además del ombligo.
Estupor total. Los fotógrafos maldiciendo que no la tenían en foco en esos diez segundos. Héctor Méndez tuvo que sostener sus anteojos, que se le caían; su hijo Fernando, abajo, casi se desnuca; el resto de los tribuneros argentinos y los periodistas, sorprendidos primero y sonrientes después. Frost con los ojos abiertos decidió no insistir más en el cambio aunque había logrado algo que bien se merecería el Martín Fierro de oro de APTRA: ubicar a Susana Giménez en una tribuna con argentinos comunes y barras bravas y mostrando sus lolas.
Si hubiera sucedido en el Mundial de Estados Unidos 1994, los puritanos republicanos posiblemente hubieran impuesto que la televisación en los estadios de fútbol se demore tres segundos en salir al aire, como pasó con Janet Jackson en el Superbowl (en la final del fútbol americano) al escapársele del ceñido vestido un seno. En Europa están más acostumbrados. Cada tanto aparece un loco desnudo corriendo por una cancha de fútbol o en un court de tenis. La duda: ¿ aparecerá algún video oficial o doméstico o una foto de tan simpático momento de la estrella máxima femenina de la televisión argentina? Por ahora hay algo que seguro registró el momento: la retina de muchos hinchas.
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