ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

31 de diciembre 2007 - 00:00

Subcomandante Marcos, ahora emblema de la guerrilla fashion

ver más
Merced al espectacular operativo de «rescate» de tres rehenes montado por el presidente venezolano Hugo Chávez, la atención del mundo está concentrada en las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Esto ha corrido del centro de la escena a otra guerrilla, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) de México que, desde su surgimiento hace 14 años, ha producido una larga serie de hechos de alto impacto mediático.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Sin embargo, su líder, el subcomandante Marcos, no se ha quedado quieto. Por caso, acaba de aparecer con su eterno pasamontañas en la tapa de la revista «Gatopardo», publicación colombiana de distribución continental. Esto no es sorpresa: Rafael Sebastián Guillén, tal el verdadero nombre de este poco agraciado profesor de filosofía, supo construir, detrás de la máscara que sólo deja ver sus ojos, un personaje novelesco y glamoroso que atrajo la atención política y mediática del mundo entero desde aquel enero de 1994 cuando empuñó las armas en las montañas del sur de México en defensa de los derechos de los indígenas.

La producción de fotos a la cual Marcos se prestó gustoso estuvo a cargo de Ricardo Trabulsi, un fotógrafo de estrellas del espectáculo, Shakira entre otras, que pudo retratar al «subcomandante insurgente» (así firma los comunicados) tanto en un estudio en México DF como en su hábitat regular, la selva Lacandona, en el estado de Chiapas. Marcos también hace política, por supuesto. Un coloquio sobre «Movimientos antisistémicos» tuvo lugar este mes en San Cristóbal de las Casas. Allí, sufridos intelectuales «alternativos» fueron maltratados por el líder zapatista que, tras participar en ocho conferencias, declaró que para él los coloquios eran «masturbaciones teóricas» o «desfiles de moda cuyos participantes exhiben su anorexia intelectual».

  • Aclaración

  • Luego les recordó que «el EZLN es un ejército». Aclaración necesaria dado el largo tiempo que hace que no combate. Desde su surgimiento, el zapatismo mantiene el récord de haber protagonizado la guerra insurgente más breve de la historia: doce días de lucha, tras los cuales se acordó una suerte de modus vivendi con el gobierno, que le cedió al zapatismo un relativo control sobre 39 municipios de Chiapas. Los objetivos de este insurgente espasmódico son poco claros. No busca tomar el poder -lo ha dicho y reiterado- por ninguna vía, ni militar, ni insurreccional, ni electoral. Su lucha es «contra el sistema» así que, ¿para qué ser parte de él?

    Aunque no parece muy antisistema el conceder entrevistas a la CNN o producciones fotográficas a una revista cuyo objetivo principal es «entretener a los lectores» y que dedicó tapas anteriores a Tom Hanks, Julia Roberts, Santana y Carolina Herrera. Pese a la confusión discursiva de Marcos, una cosa queda clara: su firme combate contra la idea -sobre la cual se fundó México- de que el suyo es un país mestizo : «Contrariamente a lo que han afirmado todos los gobiernos federales desde Juárez, a saber, que la mexicana es una nación fundamentalmente mestiza, entiendo que no, que es una nación formada por diferentes pueblos».

    Inicialmente, el zapatismo contócon la admiración de muchos intelectuales célebres: el Nobel de Literatura José Saramago («es un poeta», dijo), el reciente premio Cervantes, Juan Gelman y el infaltable sociólogo Alain Touraine, por citar a algunos de los que cedieron al encanto del enmascarado. Claro que cuando éste, fiel a su concepción fragmentaria de los Estados nacionales, mostró simpatía hacia la ETA y acusó al gobierno español de hacer terrorismo de Estado por reprimir a la organización separatista vasca, el asunto cambió de color. La insurrección a miles de kilómetros de distancia es una cosa simpática, folclórica, típica de países del Tercer Mundo. Pero en casa no. Saramago, Manuel Vázquez Montalbán y Fernando Savater, entre otros, le manifestaron su disgusto. Marcos sufrió así cierto aislamiento, agravado por sus peleas con la propia izquierda mexicana que no puede evitar preguntarse a quién sirve, más aún considerando que su última iniciativa nacional fue una gira por todo el país para sabotear las elecciones presidenciales de julio de 2006, en las cuales era favorito el candidato de centroizquierda, que todavía hoy denuncia haber sido derrotado mediante fraude. Para afirmar su heterodoxia en materia guerrillera, mientras el gobierno castrista les prohíbe por decreto a los cubanos relacionarse con los cada vez más numerosos turistas extranjeros que visitan la isla, el subcomandante Marcos ha convertido a la selva Lacandona en la nueva meca hacia la cual peregrinan año a año los turistas « globofóbicos» para visitar su cuartel «clandestino» y ver la « revolución» en vivo y en directo. En el extremo opuesto del muy fashion subcomandante Marcos, el jefe de las FARC, Manuel Marulanda o Tirofijo, parece un guerrillero totalmente demodé. Sin embargo, su grupo recibe la misma atención contradictoria y algo cínica de referentes de países que, pese a considerar formalmente a las FARC como una organización terrorista, no dudan en establecer interlocución con sus jefes, habilitándolos como actores en la escena internacional en detrimento de la soberanía colombiana y renovando las credenciales de una guerrilla absolutamente anacrónica en una república democrática. Son estas raras guerrillas de hoy, sobre cuyos objetivos nadie parece querer reflexionar demasiado.

    Últimas noticias

    Dejá tu comentario

    Te puede interesar

    Otras noticias