Después del 23 de octubre Néstor Kirchner se ocupará personalmente, como lo hizo antes, de seleccionar a los dos candidatos que reemplazarán al destituido Antonio Boggiano y al renunciante Augusto Belluscio.
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Es la primera vez en la Argentina que un mismo presidente designa a seis miembros de la Corte Suprema de Justicia. La decisión de Kirchner puede resultar la más costosa. Esta gestión tendrá mayoría propia para decidir el destino de la República, y los jueces podrán crear pronto jurisprudencia en temas que resultan ríspidos: despenalización del aborto, despenalización del consumo de drogas, propiedad privada, eutanasia, lucha contra el terrorismo, criminalización de la protesta social, reformas judiciales y penales, etcétera.
Y aunque el cuarteto de nuevos jueces simula ser no alineado, lo cierto es que es fiel a las políticas emanadas desde el gobierno. Han dado vuelta la jurisprudencia anterior en materia previsional o laboral, provocando un incremento en los casos de litigios contra empresas. Así en un fallo reciente estableció un nuevo cálculo para la indemnización por los despidos y habilitó los juicios por vía civil.
Lo único que le molesta al Presidente es la imprevisibilidad de algunos de ellos. Por caso, Eugenio Zaffaroni y Carmen Argibay. Aunque, claro está, son díscolos dentro de las fronteras que le permite la alianza con esta administración. Sin embargo, han llegado a entorpecer algunos de los planes de Kirchner. Por caso, cerrar definitivamente la discusión sobre la pesificación. El gobierno todavía aguarda un fallo con criterio único que convalide la salida de la convertibilidad y le devuelva pesos a los ahorristas cuyos dólares quedaron atrapados en el «corralito financiero». Kirchner ya ha comenzado a dibujar el perfil de los dos hombres que quiere para ocupar las sillas vacías del alto tribunal. Uno es Mario Kaminker, el abogado propuesto por el ministro de Seguridad bonaerense, León Arslanian.
El Presidente, según describen y escriben sus intérpretes, pretende un dúo más político que técnico. Ninguno de los jueces que puso en ese tribunal alcanza esa calificación.
• Esfuerzos
Elena Highton de Nolasco, recientemente ungida como vicepresidenta de la Corte Suprema, hace el esfuerzo pero no tiene el «pinet» para desarrollar el trabajo que Kirchner pretende dentro del tribunal. Es que al gobierno le gustaría emular a George W. Bush, con un hombre ideológicamente definido. Le fascinaría tener un John Roberts, pero de izquierda.
Hasta que Kirchner decida esto, es probable que la Corte continúe (hasta entrado 2006) con siete jueces como miembros del tribunal, de los cuales sólo dos vienen de la vieja guardia: el presidente de la Corte, Enrique Petracchi, y el octogenario Carlos Fayt, quien pese a sus amagues no simpatiza con la idea de la jubilación.
La renovación del tribunal se inició durante el gobierno de Eduardo Duhalde, cuando a fines de 2002 se empezó a concretar la posibilidad de someter a juicio político a sus integrantes. En octubre de ese año renunció a su cargo Gustavo Bossert, quien adujo «cansancio moral» y fue reemplazado por el entonces senador por Córdoba Juan Carlos Maqueda.
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