22 de julio 2002 - 00:00

La feria judicial alivia crisis con el "corralito"

La Corte envió un segundo guiño -el primero fue el fallo contra San Luis, manteniendo el «corralito» en esa provincia-de convivencia pacífica al gobierno en menos de 48 horas, aunque pasó disimulado por el inicio de la feria judicial a partir de hoy que abre -además-un compás de espera de 20 a 30 días en el conflicto de poderes entre el Poder Judicial, el Ejecutivo y el Legislativo. Es que contra las presiones del Colegio de Abogados de la Capital Federal decidió que sólo los tribunales en Contencioso Administrativo Federal permanezcan abiertos durante el receso de invierno para atender reclamos por la retención de los depósitos financieros y sólo atendible a aquellos recursos de amparo que se presenten por razones de «necesidad y urgencia». Es decir, personas mayores de 70 años y por problemas de salud o de índole extremadamente justificada.

Con ello impedirá que durante dos semanas continué la sangría financiera en los bancos en momentos en que llega al país la Comisión de Notables y un nuevo equipo de veedores del Fondo Monetario Internacional (FMI). La «impasse», si bien ya estaba decidida desde la semana pasada, permitió exhibirse como resultado de la reunión que hizo el pasado viernes el ministro de Justicia, Juan José Alvarez, al cuarto piso del edificio de Talcahuano 550, donde tienen sus despachos los 9 ministros de la Corte, aunque al salón de té no concurrió Carlos Fayt, quien no justificó la ausencia. Es que la Corte podría haber habilitado la feria para todas las secretarías en lo Civil, Civil y Comercial Federal y Laboral que están facultadas para recibir presentaciones por parte de los ahorristas y con ello mantener la presión sobre los bancos, haciendo caso omiso a las continuas rogativas del Ministerio de Economía.

•Imagen

El gesto de la Corte se tradujo en un mensaje ciento por ciento conciliador que le llevó el delegado de Eduardo Duhalde, quien logró transmitir una mejor imagen de seguridad política que su antecesor en el cargo, el radical Jorge Reynaldo Vanossi, quien desplegó un abultado «currículum» academicista -del que carece Alvarez-, pero no pudo o no quiso -en la Corte prevalece este último criterio-cerrar el conflicto. Pero Alvarez llegó a la Corte con un pragmatismo político que no pudo exhibir Vanossi ni tampoco otros operadores del gobierno -Horacio Jaunarena, Carlos Soria-que se jactaron de tener línea directa con los máximos jueces, pero sucumbieron por la sospecha de utilizar un doble mensaje con los letrados que sepultó cualquier intento dialoguista.

•Artesanalmente

«Por encargo del Presidente, voy a ocuparme artesanalmente de esta cuestión», disparó Alvarez apenas se sentó después de la foto -un hecho infrecuente en esas instancias-de un ministro de Justicia con los jueces supremos. Esa seguridad que «Juanjo» Alvarez logró transmitir a los susceptibles y desconfiados oídos de sus contertulios permitió que el diálogo transgrediera lo protocolar para introducirse en efectividades conducentes. «Antes de venir para esta reunión, hablé con (Eduardo) Camaño y me aseguró hacer todo lo posible para cerrar el juicio político lo más pronto porque es criterio de este gobierno transmitir el poder a su sucesor de manera ordenada y sin este innecesario conflicto que se basa más en consideraciones de índole política que jurídicas», dijo el ministro.

Avisado del pensamiento judicial, el ministro comunicó lo que los jueces supremos querían escuchar, aunque se encargaron -Antonio Boggiano, Julio Nazareno, Adolfo Vázquez- de hacerle notar que se deben hacer esfuerzos para comunicarle a la sociedad que «no se está hablando de ningún canje», en alusión al levantamiento del enjuiciamiento. Por eso, se ocuparon en aclararle que «no se está pidiendo que se cierre el juicio político, sino que se resuelva por parte del Congreso si se avanza en la acusación o se la desecha». Alvarez reconoció la gravedad institucional que esta indefinición legislativa acarrea al país, lo que dio paso a Vázquez para incursionar -como ya lo ha hecho ante el Congreso y ante los diarios-con una audiencia, reprochándole al enviado de Duhalde si «el gobierno y los radicales habían quedado prisioneros de la estrategia electoral de Elisa Carrió».

Luego de obtener un reconocimiento de Alvarez de la certeza del comentario de Vázquez, Nazareno pidió mantener un teléfono rojo con el ministro, quien se comprometió a atenderlo personalmente aunque la reunión terminó sin que se hable de asuntos comprometidos para ambas partes: el «corralito» y la posible renuncia de algunos jueces supremos como quiere Duhalde. Pero pese a que este último tema puede sobrevolar el subconsciente judicial, la experiencia política de Alvarez como la estrategia de defensa de los magistrados no permitió una audacia de esta naturaleza, sólo reservada para otras reuniones menos protocolares y públicas.

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