En una escena gastronómica porteña donde la cocina nikkei suele asociarse a sushi de alto vuelo, omakases exclusivos o grandes referentes del rubro, Neko encontró su diferencial al correr el eje hacia un terreno todavía poco explorado: construir una propuesta integral de fusión peruano-japonesa completamente libre de gluten, sin resignar técnica, creatividad ni amplitud de carta.
Detrás del proyecto están Lucas Ferrari y Antonella Baldi, una joven pareja de emprendedores que comenzó en 2019, con apenas 23 años y sin experiencia previa, con un primer local en Villa Crespo enfocado exclusivamente en sushi. Ese espacio funcionó como laboratorio de aprendizaje real: cocina, operación, administración y delivery durante la pandemia. Con el negocio consolidado, en enero de 2024 dieron un salto conceptual con Neko Restaurant en Belgrano, una sede más amplia y sofisticada donde expandieron el universo de marca hacia una “cocina nikkei moderna” que sumó platos calientes, menús ejecutivos y experiencia omakase. En marzo de 2025 llegó Villa Devoto, con una propuesta más íntima y visual, centrada en la barra.
Carta apta para celíacos
El gran punto de inflexión llegó con la decisión de transformar toda la carta en un menú 100 % sin tacc, una reconversión estructural que atravesó desde insumos hasta procesos. Hoy, esa lógica se expresa en todas sus sedes —Villa Crespo, Belgrano y Devoto— y convierte a Neko en una opción singular dentro del segmento: sushi premium, platos de autor y cocina inclusiva.
La carta se despliega en múltiples niveles. En entradas aparecen croquetas cremosas de bechamel de ají amarillo con trucha curada y katsuobushi, gyozas de lomo con demiglace de lomo saltado, empanadas de maíz rellenas de mariscos y wantan veggie de humita. El universo de sushi recorre rolls, handrolls, noritacos y nigiris —uno de sus sellos— con piezas como el nigiri de carne de raza wagyu flambeada con abura, lima y chalaca, o el Roku, con trucha flambeada en yakiniku, salsa de ají amarillo y criolla chalaca.
En la sección de noritacos —una pieza de alga nori tempurizada y rellena— sobresalen versiones como el de vieiras, con manteca thai y spicy de maracuyá, y el Anticuchero de langostinos, con salsa rocoto, lima y palta. También hay tiraditos y ceviches, donde sobresale el ceviche Wasabi, de pesca blanca y langostinos, servido con leche de tigre agridulce.
La sede de Belgrano, además, amplía la experiencia con platos de cocina como el curry de mar, que combina langostinos y trucha sobre base de curry de ajíes peruanos, tomates cherry y hongos con arroz gohan, o el lomo saltado de ojo de bife con vegetales, arroz y papas triple cocción.
NEKO - Lucas Ferrari y Antonella Baldi
El formato mediodía funciona como una de sus apuestas más competitivas. En Belgrano, el menú ejecutivo suma platos como arroz chaufa o milanesa de pescado que oscilan entre $19.500 y $22.500, con la opción de incluir postre y café o té por $28.000. También hay variedad de sets de sushi combinados. El local de Villa Devoto replica esa lógica con sets diseñados alrededor de nigiris, noritacos, handrolls y tiraditos, a precio especial.
Más allá del menú regular, Neko ofrece un plus con dos experiencias especiales para los sushilovers. La Fiesta de Nigiris, de 19 a 21 h, los martes y jueves en Belgrano y los miércoles en Villa Devoto, propone 15 piezas seleccionadas por los itamaes, cinco etiquetas de vino y repetición final de favoritos por $65.000. En ambos locales se requiere reserva previa.
La Fiesta de Handrolls, en cambio, se realiza los viernes desde el mediodía en Belgrano, con formato libre, sin límites y organizado en tres turnos de una hora cada uno, para ocho personas por franja y por orden de llegada, a $31.000.
Todo sucede en espacios cuidados. En Belgrano, la experiencia se despliega en un salón amplio, con iluminación tenue, sillones corridos y barra, mientras que en Villa Devoto, la propuesta se vuelve aún más íntima y sensorial: 12 comensales alrededor de una imponente barra curva como eje central, pocas mesas y una gran puerta circular que termina de dar la sensación de ingresar a un templo japonés moderno.