Caminar es uno de los ejercicios más populares en todo el mundo. Por su simpleza y accesibilidad, cualquiera puede comenzar su actividad física de esta manera. Además trae enormes beneficios, reduce el riesgo de padecer problemas de salud frecuentes como ansiedad, depresión, diabetes e incluso algunos tipos de cáncer.
De todas maneras, después de un tiempo, el cuerpo se acostumbra, y aumentar la intensidad de los ejercicios siempre hará que los beneficios lleguen más rápido y de mejor manera. Uno de los efectos más favorables de la caminata y la carrera es la mejora en los pulmones y el corazón. Por otro lado, también aumenta la longevidad.
Beneficios de caminar y correr: cuál impacta más en tu cuerpo y tu esperanza de vida
¿En qué se diferencian caminar de correr? En principio, correr es más eficiente. Porque, además de una mayor velocidad, caminar solo implica levantar el pie, mientras que al correr integramos saltos, esto requiere más fuerza, energía y potencia que caminar. Para cualquier persona, correr a cualquier ritmo, incluso un trote suave, hará que los pulmones y el corazón trabajen más.
Esto puede elevar el nivel de esfuerzo a lo que se conoce como "actividad vigorosa", lo que significa que respiras con tanta fuerza que sólo podés pronunciar algunas palabras a la vez. Teniendo en cuenta que las normas de salud recomiendan entre 150 y 300 minutos semanales de actividad aeróbica de intensidad moderada como caminar a paso ligero, o la mitad del tiempo en actividad vigorosa, esto demuestra que correr sería el doble de bueno que caminar.
Pero en lo que respecta a algunos estudios clave sobre la longevidad, se ha descubierto que correr es incluso más eficaz que eso. En 2011, investigadores de Taiwán preguntaron a más de 400.000 adultos cuánto ejercicio vigoroso y moderado hacían. Así, descubrieron que las carreras habituales de 5 minutos, prolongan la vida de las personas tanto como las caminatas de 15 minutos. Y además, las carreras habituales de 25 minutos al igual que los paseos de 105 minutos reducían el riesgo de morir en un 35 por ciento durante los ocho años siguientes.
De la caminata al trote: guía paso a paso para empezar a correr sin lesionarte
Así como trae más beneficios, correr también te deja expuesto a más peligros. Al usar más intensamente los músculos, las lesiones a corto plazo son más comunes entre los que corren que entre quienes caminan. Si primero se empieza a caminar, el cuerpo tiende a adaptarse, lo que reduce el riesgo. Incluso los corredores más experimentados, cuando se toman un descanso, vuelven a empezar de a poco.
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Agregar pasos: incrementar el trayecto de la caminata es un buen comienzo para pasar a un ejercicio más intensivo en el corto plazo.
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Aumentar el ritmo de a poco: se pueden reservar cortos períodos de tiempo en los que probar una intensidad mayor a la que se viene realizando regularmente. Luego aumentar poco a poco la duración hasta poder aguantar 1 hora.
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Caminar y de vez en cuando correr: una vez que se comienza a ganar intensidad, se hace más fácil sostener los aumentos en la carrera. Por eso es importante agregar intervalos de carrera a la caminata.
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Intentar correr sin intervalos: cada una o dos semanas, aumentar el tiempo de carrera y disminuir gradualmente el de caminata, pueden hacer que poco a poco se pase directamente a la carrera a una velocidad mayor.
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