Cada año se tiran toneladas de alimentos que todavía podrían aprovecharse. Desde frutas olvidadas hasta sobras que terminan en la basura. El desperdicio se volvió un hábito del día a día, que afecta tanto al bolsillo como al medioambiente.
Algunos cambios en la cocina pueden ayudar a reducir los desechos y cuidar el planeta, sin que tengas que esforzarte.
Hay distintas maneras de reutilizar los alimentos que no se consumieron, en vez de desperdiciarlos.
Cada año se tiran toneladas de alimentos que todavía podrían aprovecharse. Desde frutas olvidadas hasta sobras que terminan en la basura. El desperdicio se volvió un hábito del día a día, que afecta tanto al bolsillo como al medioambiente.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
La buena noticia es que cambiar esta costumbre es algo posible. Reciclar las sobras de comida, darles otro uso o planificar mejor las porciones son formas muy fáciles de aprovechar todo lo que compramos y reducir la cantidad de residuos.
El desperdicio de comida es uno de los mayores problemas ambientales actuales. Según estimaciones globales, se pierde cerca del 30% de los alimentos producidos antes de llegar a la mesa. Ese desecho no sólo implica comida perdida, sino también el agua, la energía y el trabajo invertidos en su producción.
Cuando los restos orgánicos terminan en los basurales, liberan metano, un gas que agrava el cambio climático. Pero si esos mismos residuos se reciclan o se transforman, se pueden reducir emisiones, generar abono natural y hasta producir energía.
Las alternativas para no desperdiciar los alimentos son:
Para empezar, se puede transformar los restos de frutas, verduras o cáscaras de huevo en compost. Esta es una manera ecológica de reducir la basura y nutrir las plantas. Solo hace falta separar los residuos orgánicos en un balde con tapa o una compostera y mezclarlos con hojas secas o papel. Después de unas semanas, se obtiene un abono natural y gratuito.
Muchos alimentos en buen estado pueden servirle a otras personas. Pan, frutas o verduras que no se van a consumir pueden llevarse a comedores, merenderos o bancos de alimentos. También existen aplicaciones y grupos vecinales donde se organizan intercambios de comida para evitar el descarte.
Los frascos, botellas o bandejas pueden tener una segunda vida. Los frascos de vidrio sirven para guardar cereales o especias, mientras que las botellas plásticas sirven para hacer macetas o dispensadores. Reusar estos materiales reduce la cantidad de basura y además alarga su ciclo de uso.
Algunos restos de frutas, verduras o granos pueden destinarse a huertas, criaderos o refugios de animales. Es una forma de aprovechar los desechos orgánicos y disminuir lo que se tira. Lo único que tenés que hacer es asegurarte de que los alimentos sean aptos y estén en buen estado.
Las sobras pueden convertirse en platos platos muy ricos, como verduras asadas transformadas en tartas, pan duro en budines o cáscaras de cítricos en dulces. Dedicar un día a la semana para cocinar con lo que queda en la heladera ayuda a gastar menos y a reducir el desperdicio.
Reciclar comida no sólo ahorra dinero, también ayuda a construir un futuro más sustentable desde la cocina de casa.
Dejá tu comentario