La ciencia estudia desde hace años por qué las personas toman determinadas decisiones, incluso en situaciones tan cotidianas como pagar una cuenta, elegir qué comprar o decidir si dejar dinero extra. En el caso del delivery, un gesto tan simple como marcar “sin propina” puede despertar una pregunta incómoda: ¿Esa elección dice algo sobre nuestra personalidad?
La escena se repite con frecuencia. Llega el repartidor, entrega el pedido y, mientras se cierra la puerta, queda flotando esa pequeña decisión que cada consumidor resuelve a su manera. Algunos dejan un monto adicional casi automáticamente; otros consideran que el envío ya está incluido en lo que pagaron y prefieren no sumar nada.
El servicio de entrega forma parte de la experiencia de compra para millones de usuarios.
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Por qué no dar dinero extra no implica falta de generosidad
La propina es, por definición, un pago adicional y voluntario. En Argentina, además, el crecimiento de los medios digitales hizo que esa gratificación pudiera incorporarse directamente a las operaciones electrónicas, algo que antes muchas veces quedaba limitado al efectivo. El Decreto 731/2024 avanzó justamente sobre esta cuestión y estableció herramientas para que las propinas puedan entregarse mediante medios electrónicos.
Desde la psicología, una de las claves está en la reciprocidad: la tendencia humana a devolver un beneficio recibido. Si alguien interpreta que el repartidor realizó un esfuerzo adicional, puede sentir una mayor necesidad de recompensarlo. Otra persona puede entender que ya pagó por recibir el pedido y que el costo del envío constituye la contraprestación correspondiente.
También hay una cuestión cultural. En algunas familias se aprende desde chicos que “al que te trae algo, se le deja”; en otras, la costumbre no existe o se limita a restaurantes. Así, lo que para una persona parece una obligación moral puede resultar completamente opcional para otra.
Incluso una misma persona puede cambiar de criterio según el contexto. Un pedido que llega rápido y en condiciones normales puede no generar el mismo impulso que una entrega realizada bajo lluvia, frío intenso o mucho calor. El estado del servicio también puede modificar la percepción.
La entrega de alimentos reúne a consumidores y trabajadores en una escena que se repite a diario.
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El costo de envío vs. la propina: la diferencia en la percepción del consumidor
Una de las razones más frecuentes para no agregar dinero extra aparece en una cuenta bastante intuitiva: si el consumidor ya abonó un costo de envío, puede interpretar que el servicio ya fue pagado.
La diferencia está en cómo cada persona entiende ese importe. Para algunos, el envío cubre el traslado del pedido y la propina representa un reconocimiento adicional al trabajador. Para otros, ambos conceptos están vinculados con la misma prestación y sumar otro monto no resulta necesario.
Las plataformas también contribuyen a instalar esta distinción. Por ejemplo, los términos de PedidosYa contemplan por separado el costo de envío y la propina voluntaria, que puede agregarse al momento del pago y está destinada al repartidor.
La aparición de una casilla de propina en una aplicación puede generar, además, cierta presión social. Aunque sea voluntaria, el consumidor tiene que tomar una decisión explícita: elegir un monto o seleccionar que no quiere agregarlo. Esa pequeña interacción puede hacer que una práctica antes casi invisible pase a formar parte del momento de compra.
Qué factores psicológicos influyen en la decisión de pagar un extra
La decisión puede estar atravesada por varios elementos. Uno de ellos es la percepción del servicio: rapidez, trato, cuidado del pedido y circunstancias particulares de la entrega pueden modificar cuánto valora el consumidor el trabajo realizado.
También aparece la empatía. Una persona puede pensar en el esfuerzo físico que implica recorrer varias cuadras en bicicleta o moto, afrontar una jornada extensa o trabajar bajo condiciones climáticas adversas. Esa identificación puede aumentar la intención de dejar dinero.
Las normas sociales también pesan. Si alguien creció en un entorno donde la propina es una costumbre instalada, probablemente tenga mayor predisposición a dejarla. En cambio, quienes no incorporaron ese comportamiento pueden no sentir que exista una deuda moral después de recibir el pedido.
La reciprocidad aparece nuevamente, aunque con un matiz importante: no explica por sí sola todas las conductas. Una investigación de campo publicada en 2025 sobre propinas a repartidores puso a prueba justamente esta relación y encontró que determinados gestos adicionales durante la entrega no necesariamente provocaban un aumento significativo de las propinas.
También puede influir el control percibido sobre el gasto. Algunas personas prefieren establecer de antemano cuánto están dispuestas a pagar y no modificar esa cifra después de concretar la compra. Otras redondean espontáneamente o dejan un monto que consideran acorde con la situación.