11 de septiembre 2026 - 07:30

¿Por qué devolvemos (o no) el carrito del supermercado? Lo que la psicología revela sobre este gesto

Los expertos encontraron ciertos patrones en este comportamiento, el cual es más frecuente de lo que se piensa y tiene varios motivos para explicarse.

Devolver o no un carrito parece una decisión mínima, pero en redes terminó abriendo una discusión sobre normas, conducta y lo que cada persona considera correcto.

Devolver o no un carrito parece una decisión mínima, pero en redes terminó abriendo una discusión sobre normas, conducta y lo que cada persona considera correcto.

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Después de guardar las bolsas en el auto, queda una pequeña decisión: devolver el carrito a su lugar o dejarlo en el estacionamiento. Parece algo mínimo, aunque para la psicología plantea una pregunta bastante cotidiana: por qué algunas personas cumplen una regla incluso cuando nadie las controla. La ciencia lleva años estudiando este tipo de decisiones y el peso que tienen las normas sociales en ellas.

El gesto tiene de todo un poco: una molestia mínima, algo que se supone que hay que hacer y la posibilidad de ignorarlo sin que pase demasiado. Ahí aparece una elección bastante común entre lo más cómodo y aquello que se espera de uno.

En las redes sociales, devolver el carrito terminó convertido en una forma de juzgar a las personas.

En las redes sociales, devolver el carrito terminó convertido en una forma de juzgar a las personas.

La "teoría del carrito de compras": ¿un test moral o un mito viral de internet?

La llamada “teoría del carrito de compras” se hizo popular en internet con una idea bastante simple: devolverlo mostraría quién está dispuesto a hacer lo correcto aunque nadie lo obligue. La lógica pegó rápido. Llevarlo hasta su lugar supone caminar unos metros. Dejarlo donde está casi nunca trae consecuencias. Nadie suele estar mirando. El gesto empezó así a circular como una especie de examen moral.

Con el tiempo, esa lectura se volvió todavía más extrema. En redes empezó a usarse para separar a quienes “hacen lo correcto” de quienes solo respetan una regla cuando existe algún tipo de castigo.

La ciencia, sin embargo, no respalda esa conclusión. El apuro, una discapacidad, estar pendiente de un chico o la distancia hasta el lugar donde se guardan pueden cambiar una decisión puntual sin decir demasiado sobre la personalidad de alguien.

Una pequeña incomodidad a cambio del bienestar común: así funcionan las normas injuntivas

No hay multa. Tampoco una sanción inmediata. Y, aun así, mucha gente siente que dejarlo en su lugar es lo correcto. Las llamadas normas injuntivas tienen que ver con aquello que está bien visto y con lo que se espera de los demás. Los estudios sobre comportamiento social muestran que una conducta puede mantenerse incluso cuando no existe una obligación formal. El entorno también pesa. Cuando todos parecen respetar una costumbre, el espacio ordenado funciona como una referencia sin necesidad de que alguien diga nada.

La escena cambia cuando empiezan a aparecer señales de que esa costumbre no se respeta. Un carro abandonado no obliga a nadie a hacer lo mismo, pero modifica lo que parece normal dentro de ese lugar. En este caso, devolverlo supone apenas caminar unos metros y evita que quede ocupando un lugar de estacionamiento, atravesado entre autos o lejos del sector donde debería guardarse.

Aunque nadie obligue, muchas personas igual sienten que devolver el carrito es lo correcto.

Aunque nadie obligue, muchas personas igual sienten que devolver el carrito es lo correcto.

El experimento de la revista Science: cómo el desorden visible incentiva el mal comportamiento

Un experimento publicado en la revista "Science" llevó esta idea a un estacionamiento de supermercado. La prueba comparó qué hacía la gente cuando el lugar estaba ordenado y qué pasaba cuando aparecían señales claras de desorden.

Primero, los carritos estaban guardados. Después, los investigadores dejaron cuatro fuera de lugar y repitieron la situación bajo las mismas condiciones. En ambos casos colocaron volantes en los autos. La decisión observada era sencilla: conservar el papel o tirarlo al piso después de encontrarlo en el vehículo.

Con el estacionamiento ordenado, el 30% de los participantes tiró el volante al suelo. Cuando aparecieron los cuatro carritos abandonados, la cifra saltó al 58%. La diferencia surgió sin cambiar las reglas ni dar permiso para ensuciar. Lo único distinto era la presencia visible de otra norma incumplida.

El mismo patrón apareció en otras pruebas del trabajo: cuando una norma ya estaba rota a la vista de todos, aumentaba la posibilidad de ignorar otra.

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