Si en verano salís de la pileta y sentís el oído “cerrado”, no sos el único. Esa molestia suele aparecer cuando queda humedad en el canal y se mezcla con cera o irrita la piel: es el terreno típico del llamado oído del nadador.
Por qué se tapan los oídos después de nadar y para qué sirve el uso de gotas de alcohol boricado
En verano, la pileta y el mar pueden dejar una molestia inesperada. Qué tener en cuenta para aliviarla y cuándo conviene consultar.
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La sensación de oído tapado después de nadar es una molestia frecuente en verano.
La buena noticia es que, la mayoría de las veces, el bloqueo se resuelve con maniobras simples y un buen secado. Pero conviene prestar atención a las señales de alarma: dolor fuerte, picazón intensa, secreción o una sensación que no afloja en varias horas.
Razones por las cuáles se pueden tapar los oídos después de nadar
La causa más común es el agua atrapada en el conducto auditivo. A veces se forma una burbuja de aire o el canal tiene una forma que complica el drenaje, y por eso aparece la sensación de presión o “chapoteo” cuando movés la cabeza.
Otra posibilidad es un tapón de cerumen. La cera puede absorber agua, hincharse y bloquear el paso del sonido de golpe. Si, además, la humedad irrita la piel y se suman bacterias u hongos, puede aparecer una otitis externa, que suele traer dolor o picazón.
Cómo sacar el agua de tus oídos
Primero, apostá por la gravedad: incliná la cabeza hacia el lado afectado y mantené esa posición un rato. También podés tirar suavemente del lóbulo para enderezar el canal y ayudar a que el líquido salga sin esfuerzo.
Si el agua se resiste, hay maniobras caseras que suelen funcionar sin invadir el oído: apoyar la palma contra la oreja para hacer una succión suave y soltar, bostezar o masticar para mover la mandíbula, o usar el secador en aire frío a distancia mientras traccionás levemente la oreja hacia abajo.
Para qué sirve el uso de gotas de alcohol boricado
Las gotas de alcohol boricado combinan alcohol (que seca) y ácido bórico (con acción antiséptica). Por eso se usan para bajar la humedad que favorece microorganismos y, en cuadros leves, como apoyo para reducir el riesgo de infección en el canal externo, sobre todo en personas que pasan mucho tiempo en el agua.
Aun así, no es una solución “para cualquiera”. Evitalo si tenés sospecha de tímpano perforado, antecedentes de cirugías de oído, otitis media, dolor severo o pérdida de audición sin causa clara. También puede causar irritación o sequedad si se usa de más, así que lo más prudente es que un profesional te indique dosis y duración.
Cómo evitar que entre agua en tus oídos
La prevención arranca antes de meterte al agua: los tapones para oídos son una barrera directa y hay opciones de silicona moldeable, premoldeados reutilizables o hechos a medida si nadás seguido. Sumales un gorro de natación bien ajustado (mejor si cubre las orejas) y, en chicos, una banda de neopreno puede ayudar a que no se muevan.
Después del baño, secate la parte externa con toalla y hacé un “escurrido” suave: incliná la cabeza hacia cada lado y tirá un poco del lóbulo para facilitar la salida del líquido. Y un detalle clave: no limpies el oído en exceso antes de nadar, porque la cera natural también funciona como barrera protectora.
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