Para muchas personas, tener acceso a una pileta limpia durante los días de calor es algo valioso ya que es una forma divertida de sobrevivir a las altas temperaturas. No obstante, según la psicología, esto parece no ser una regla, ya que hay un gran porcentaje de personas que prefieren no meterse a la pileta, incluso si hace mucho calor.
Qué significa no querer meterte a la pileta en verano, según la psicología
No todas las personas asocian el verano con diversión acuática, algunas incluso pueden evadir espacios en común como playas o piletas.
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Por qué algunas personas no quieren meterse al agua en el verano.
Varios especialistas analizan este comportamiento. A pesar de lo que se puede creer, esta tendencia resulta ser común. La incomodidad de estas personas ante esta situación se relaciona con aspectos emocionales, sensoriales e incluso sociales.
Por qué hay personas que prefieren no meterse a la pileta en verano
La psicóloga clínica Mariana Traversa explica que rechazar meterse a la pileta no siempre tiene que ver con el agua en sí, sino con todo lo que la rodea, como mostrarse, compararse y sentirse evaluado. Incluso la presión social de tener que interactuar con otras personas “por educación” puede hacer que alguien termine rechazando la invitación. Numerosos estudios sobre ansiedad social y corporal indican que los contextos de exposición física suelen aumentar el malestar emocional.
Por otro lado, la especialista Laura Walton afirma que algunas personas pueden experimentar malestar o incluso pánico en situaciones que implican meterse a la pileta o nadar. A este fenómeno se lo denomina ansiedad acuática, ya que se vincula con inseguridad al nadar o con miedos originados en experiencias previas. Investigaciones en psicología señalan que vivencias pasadas vergonzosas o traumáticas influyen directamente en conductas evitativas actuales.
En la misma línea, la psicóloga argentina Gabriela Martínez señala que el verano puede activar comparaciones corporales y exigencias sociales que no todas las personas atraviesan con bienestar emocional. En este contexto, la exposición del cuerpo en espacios como la pileta puede disparar mecanismos de defensa, como la evitación, especialmente cuando aparece la sensación de estar siendo observado o evaluado.
Para algunas personas, acercarse al agua resulta emocionalmente agotador por la falta de control o la incomodidad que genera la mirada ajena, por lo que evitar estas situaciones funciona como una forma de protección emocional o autocuidado.
Desde la psicología, este fenómeno se vincula con la ansiedad social y corporal. A esto se suma que el incremento de estímulos sensoriales y sociales propio del verano puede generar sobrecarga emocional en personas más sensibles, reforzando el rechazo a las actividades acuáticas.
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