En una Buenos Aires que se reinventa por barrios, Chacarita se consolidó como uno de los territorios más fértiles para proyectos gastronómicos con identidad propia. Allí, lejos de las fórmulas repetidas y del ruido del centro, funciona Punto Mona, un espacio que lleva la firma inconfundible de Mona Gallosi y que se inscribe más como una experiencia de hospitalidad que como un bar tradicional. El proyecto nació con una premisa simple pero ambiciosa: crear un lugar amable, donde el tiempo se desacelere y el encuentro sea el verdadero protagonista.
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La historia de Punto Mona está íntimamente ligada al recorrido de su creadora. Gallosi es una figura clave de la coctelería argentina, con décadas de trabajo que marcaron el desarrollo del oficio a nivel local. Su influencia excede la barra: formadora de generaciones de bartenders, curadora de espacios y defensora de una hospitalidad sensible, Mona construyó una mirada propia que hoy se materializa en este proyecto. Punto Mona no busca ser un resumen de su carrera, sino una síntesis madura de su forma de entender el disfrute, la estética y el servicio.
El lugar funciona en una ex fábrica reciclada de Chacarita y se presenta como un verdadero refugio urbano. La ambientación combina sillones amplios, mesas bajas, plantas que recorren el espacio y grandes obras de arte que dialogan con la arquitectura industrial. La iluminación es cálida, pensada para acompañar la noche sin imponerse, y la música —curada con atención— completa un clima de relajación total. No hay rigidez ni solemnidad: el espacio invita a quedarse, a conversar largo y a sentirse cómodo, algo que no siempre es fácil de encontrar en la escena nocturna porteña.
Punto Mona - Espacios (2)
Ese espíritu dialoga con el momento que vive el barrio. Chacarita creció en los últimos años como polo gastronómico y cultural, con propuestas que priorizan la identidad y el diseño por sobre la espectacularidad. Punto Mona se integra naturalmente a ese entramado, funcionando como punto de encuentro para vecinos, habitués y curiosos que buscan algo distinto para salir sin resignar calidad.
Menú de Punta Mona
La carta, pensada para compartir, acompaña esa lógica con platos que funcionan tanto de complemento de la barra así como protagonistas de la experiencia, siempre manteniendo el mismo cuidado en el producto y la presentación. Entre los platos más recomendados aparecen preparaciones como el tiradito de trucha patagónica con leche de coco y manteca noisette; el steak tartar con yema curada, peras en almíbar y masa frita; el halloumi asado con hinojo, zucchini y naranjas quemadas, y las empanadas de langostinos con leche de coco y salsa llajua.
Punto Mona - carta nueva (4)
PUNTO MONA.
También hay croquetas, hamburguesa de hongos, sándwiches y tablas de quesos artesanales, ideales para una mesa compartida y sin apuro. También hay opciones dulces, originales y sofisticadas, como el chocolate y caramelo con crocante de cacao, chocolate amargo, helado y caramelo salado.
Punto Mona - Chocolate y caramelo
PUNTO MONA.
La barra es, naturalmente, uno de los grandes ejes de Punto Mona. La carta de bebidas propone cócteles de autor, relecturas de clásicos y combinaciones que priorizan el equilibrio y la sutileza. Hierbas, frutas, especias y destilados de calidad se unen en bebidas que invitan a probar sin estridencias. También hay bebidas sin alcohol desarrolladas con el mismo criterio, además de vinos orgánicos, cervezas artesanales y café, atendidos con el mismo respeto que cualquier cóctel. Algunas de las posibilidades son Crepúsculo, con gin bosque nativo, cinzano bianco, naranja, pomelo, lima y limón, o Agua de vida, con vodka, eau de vie de pera, vermut único blanco de sidra, grand marnier y manzana.
Punto Mona - Agua de Vida
PUNTO MONA.
Punto Mona abre de martes a sábados por la tarde-noche y se adapta tanto a una salida planificada como a una visita espontánea. Amigable, inclusivo y pet friendly, el espacio propone una manera distinta de habitar la noche porteña: más cercana, más sensible y menos apurada. Sin golpes de efecto ni discursos grandilocuentes, este rincón de Chacarita confirma que, cuando hay una idea clara detrás, la experiencia se construye en los detalles.
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