Un nuevo metaanálisis internacional publicado recientemente sugiere que la esquizofrenia y el trastorno bipolar comparten alteraciones cerebrales estructurales claras, un hallazgo que podría cambiar la forma en que se entienden, diagnostican y tratan estos trastornos psiquiátricos.
Hallazgo internacional demuestra la conexión biológica entre esquizofrenia y trastorno bipolar
Un metaanálisis internacional con miles de pacientes encontró alteraciones cerebrales comunes en estos trastornos.
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El estudio analizó más de 9.400 casos y detectó cambios en la sustancia blanca cerebral.
La investigación, que revisó 96 estudios realizados durante las últimas tres décadas con más de 9.400 participantes, encontró consistentes patrones de alteración en la sustancia blanca del cuerpo calloso tanto en pacientes con esquizofrenia como en personas con trastorno bipolar.
Los resultados fueron publicados en la prestigiosa revista Nature Mental Health y representan una de las evidencias más sólidas hasta la fecha de que ambos diagnósticos, tradicionalmente tratados como entidades separadas, podrían estar vinculados por mecanismos biológicos comunes. Esta propuesta se alinea con una visión más amplia del espectro de la psicosis, en la cual los diferentes trastornos mentales están más interrelacionados de lo que se pensaba.
Descubrimientos principales del metaanálisis
El análisis se centró en la sustancia blanca del cuerpo calloso, una estructura cerebral que actúa como puente de conectividad entre los dos hemisferios del cerebro. Los investigadores detectaron que, en ambos grupos de pacientes, los diagnosticados con esquizofrenia y aquellos con trastorno bipolar, había reducciones sistemáticas en la anisotropía fraccional y aumentos en la difusividad media en las fibras corticoespinales.
Estos cambios sugieren que hay un patrón de conectividad cerebral alterado que podría servir como biomarcador del espectro psicótico.
Además, estas alteraciones se mantuvieron consistentes incluso después de ajustar por variables como la edad y el sexo, lo que refuerza su relevancia biológica más allá de factores demográficos. El equipo internacional incluyó datos tanto de pacientes como de controles sanos, lo que permitió establecer comparaciones robustas y destacar las diferencias que realmente están asociadas con los trastornos.
Implicancias para el diagnóstico y el tratamiento
Este tipo de resultados tiene importantes implicancias clínicas y científicas. Por un lado, podría contribuir a una redefinición de los criterios diagnósticos, pasando de clasificaciones basadas únicamente en síntomas a criterios que incorporen biomarcadores biológicos. Por el otro, abre la puerta a nuevos enfoques terapéuticos personalizados, enfocados en las alteraciones de conectividad cerebral en lugar de tratamientos genéricos basados solo en los síntomas conductuales.
La posibilidad de identificar un biomarcador común también podría facilitar el desarrollo de herramientas diagnósticas más precisas y tempranas, reduciendo el tiempo necesario para un diagnóstico confiable y permitiendo iniciar tratamientos más específicos y eficaces.
¿Qué significa para quienes conviven con estos trastornos?
Aunque no altera de inmediato el tratamiento clínico actual, este tipo de investigaciones puede tener efectos a mediano y largo plazo en cómo se conceptualiza la salud mental.
Entender que dos diagnósticos aparentemente distintos puedan estar conectados biológicamente ofrece nuevas pistas sobre las causas y mecanismos de ciertos trastornos psiquiátricos, lo que podría traducirse en mejores opciones terapéuticas para los pacientes.
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