17 de octubre 2022 - 00:00

Massa afianzó en Washington su relación con Gita Gopinath: el bono y el Presupuesto 2023

La número dos del FMI pidió que el proyecto de ejercicio para el año próximo, que incluye las metas del acuerdo vigente, sea aprobado en el Congreso. Dio su aval para el refuerzo de ingresos.

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Sergio Massa fortaleció en su viaje por Washington una relación personal con quien, seriamente y a largo plazo, podrá hablar sobre el futuro del Facilidades Extendidas firmado con el Fondo Monetario Internacional. El ministro de Economía solidificó su contacto con la directora adjunta del organismo, Gita Gopinath, quién en sus encuentros personales durante las jornadas de la Asamblea Conjunta de Otoño (boreal) con el Banco Mundial le dejó en claro a Massa qué es lo que Argentina puede hacer y qué no, para que el acuerdo aprobado por el board el 25 de marzo pasado pueda tener vigencia. Y sobrevivir, al menos hasta que cambie el Gobierno por los resultados electorales del próximo ejercicio.

Lo importante de los dos encuentros mantenidos por el ministro y la número dos del FMI en la capital de los Estados Unidos es que ambos coincidieron en lo que se respetará a rajatabla, lo que estableció una especie de “pacto” entre ambos. Y que mientras se respete hacia delante lo pactado, Gopinath será una defensora del caso argentino ante las autoridades máximas del Fondo. Esto es, el directorio donde muchos representantes de países ya dejaron en claro en la reunión del 7 de octubre, que se les acabó la paciencia con el país.

Gopinath mostró ante Massa y su equipo firmeza en cuanto a la necesidad de ratificar que las metas comprometidas para 2022 y 2023 son innegociables. Y que, en todo caso, se pueden discutir políticas y métodos para lograrlas. En este sentido, la directora adjunta prometió flexibilidad. Especialmente política. Pero antes, Gopinath pidió un esfuerzo político importante: que el Ejecutivo logre que este año sí haya Presupuesto; y que este se base en las líneas generales firmadas en el Facilidades Extendidas. Básicamente, que lo que Massa y su gente defendió en el Congreso hasta la semana pasada se apruebe, con el mayor respaldo político posible.

Bono

A cambio el ministro recibió un aval importante para poder traer a Buenos Aires una buena noticia al frente político oficial. La número dos del organismo le dio libertad a Massa para avanzar en un plan final para este año, para aplicar un refuerzo social de fin de año para sectores seriamente afectados por la crisis internacional y la inflación local. Sólo impuso dos condiciones: que no se altere la meta de déficit fiscal primario de 2,5% para 2022 y que la fuente de financiamiento para este programa esté debidamente explicitada y calculada. Y que no se trate de emisión pura y dura. Se aclaró además que el plan será fiscalizado de cerca por parte de los técnicos del organismo en próximas misiones.

Massa volvió así a Buenos Aires con las manos libres para poder avanzar en la aplicación del plan con el que se comprometió ante la propia Cristina Fernández de Kirchner, con el argumento de que parte del dinero proveniente del dólar soja a $200 que terminó hace dos semanas, podría aplicarse en este eventual programa de asistencia directa. El ministro cuenta con el argumento sólido del dinero que la operación de liquidación sojera le dejó a la recaudación de septiembre, con un incremento de casi el 500% y la posibilidad de aportar sin emitir entre $50.000 y $60.000 millones finales para este bono. El FMI recién lo controlará entre febrero y marzo cuando se fiscalicen las metas y objetivos finales de 2022, y se determine si el país cumplió o no con lo firmado el 25 de marzo.

Con todo esto, algo quedó en claro durante la participación argentina en la cumbre conjunta del FMI y el Banco Mundial. El caso criollo es mirado con importancia extrema por parte del organismo, al punto de poner a la máxima figura técnica del Fondo, Gopinath, como responsable directa del éxito o fracaso del plan. En la sede de Washington quedó en claro explícitamente la voluntad de trabajo conjunto permanente, la intención de disipar dudas sobre su cumplimiento y la esperanza de que en los próximos dos años y medio (primera etapa del acuerdo) quede en claro que puede ser un caso exitoso. Quizás contra la visión general de fracaso asegurado en el mediano plazo que impera en los mercados.

Gopinath

En este sentido, la presencia permanente de Gopinath puede ser una buena noticia para Argentina. Se considera que la economista de origen indio-norteamericano es más técnica y profunda, pero menos permisible a las presiones geopolíticas internacionales que sus antecesores Geoffrey William Seiji Okamoto y David Lipton. El primero, republicano, uno de los que más trabó la aceleración del Facilidades Extendidas en momentos claves de 2021. El segundo, demócrata, se lo considera en Buenos Aires (quizá como error) como uno de los responsables del cierre del acuerdo Stand By en los tiempos del gobierno de Mauricio Macri, y (aquí con razón) como uno de los que más ajuste le reclama a la Argentina para cerrar el actual acuerdo.

Como contrapartida, se la ve a Gopinath como una histórica del organismo y como una representante del (siempre algo criticado desde el “board” del FMI) cuerpo de economistas técnicos que forman parte de la estructura diaria y semipermanente del Fondo. Además, debió pelear desde media tabla hacia arriba por llegar a ocupar el segundo cargo de importancia en la sede de Washington. El hecho que sea ella quien maneje el cumplimiento del contenido final del Facilidades Extendidas, con sus metas y obligaciones hacia la Argentina, y quien cierre fórmula con Ilan Goldfajn para las aprobaciones trimestrales finales sobre el cumplimiento de las metas locales, da a priori cierta garantía de parcialidad. Lo que no quiere decir flexibilidad en el tratamiento del caso argentino.

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