Adolf Hitler,
flamante
canciller
alemán, posa
junto a su
gabinete en
Berlín, el 30 de
enero de 1933.
Comenzaba
una etapa
demencial que
redundó en
decenas de
millones de
muertes y aún
hoy provoca
espanto.
Berlín - Al cumplirse hoy 75 años de la toma del poder por parte de Adolf Hitler, los alemanes siguen buscando la mejor forma de confrontarse con el pasado nazi y de sacar de éste las lecciones necesarias para fortalecer la democracia actual.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
«¿Eternamente a la sombra de Hitler?», se pregunta el historiador Heinrich August Winkler en el subtítulo de uno de sus libros recientes, aludiendo a un largo proceso de confrontación con el nacionalsocialismo que ha acompañado a Alemania desde el fin de la guerra.
Entre 1945, y la fundación de los dos Estados alemanes, en 1949, los aliados hicieron una campaña de reeducación (desnazificación) dirigida a minar los fundamentos intelectuales del nacionalsocialismo y hacer comprender a la población que la razón moral estaba del lado de los vencedores.
A esa fase pertenece el documental «Die Todesmühlen» («Los molinos de la muerte»), estrenado en Munich en 1946, en el que se muestran escenas de más de 300 campos de concentración en el momento de su liberación, cuando los soldados encontraron, como lo escribió el escritor Erich Kaestner, «esqueletos supervivientes».
La reacción ante esa película, como ante otras medidas de reeducación, fue una mezcla de estupor y horror, pero también de rechazo que llevó a muchos a tratar de negar la realidad de lo ocurrido o, al menos, cualquier responsabilidad personal.
Al estupor generado por «Die Todesmühlen» siguió un período que abarcó en el oeste toda la década de los cincuenta, coincidiendo con el principio del «milagro económico», y que se caracterizó por un intento colectivo de olvidar todo lo que tuviera que ver con los crímenes de los nazis y con la guerra.
En los años 60 y 70, los crímenes de los nazis volvieron a la conciencia colectiva, en parte, gracias a dos procesos judiciales: el que se realizó en Jerusalén en 1961 a Adolf Eichmann y el llamado proceso de Auschwitz de 1965 contra seis personas acusadas de crímenes especialmente crueles en ese campo.
El horror del Holocausto determinó en buena parte la confrontación de la generación del 68 con sus padres, a los que pidió cuentas por lo que habían hecho o tolerado durante la guerra.
A esa actitud de denuncia de muchos jóvenes, y buena parte de los intelectuales, se opuso una postura defensiva de algunos conservadores como el legendario Franz Josef Strauss, que llegó al extremo de reclamar el derecho a no oír hablar más de Auschwitz.
El acontecimiento más importante de los años 80, en el marco de la confrontación con el recuerdo, fue un discurso del presidente Richard von Weizsaecker que, el 8 de mayo de 1985, definió el día de la capitulación como día de la liberación. Aunque es claro que los alemanes, a 75 años de la toma del poder por parte de los nazis, han comprendido con creces el horror que significó el régimen nacionalsocialista, en las clases de historia en las escuelas se suelen pasar por alto los factores que hicieron posible el ascenso de Hitler.
Al menos ésa es una de las conclusiones centrales a la que llegaron los pedagogos Freerk Huisken y Rolf Hutten tras examinar cerca de 60 libros de texto usados habitualmente en los colegios germanos, en una investigación publicada originalmente en 1997 y reeditada, con modificaciones, el año pasado.
«Los acontecimientos se reducen a la toma del poder, el Holocausto, el antisemitismo, el programa de eutanasia y la Segunda Guerra Mundial», explicó Huisken.
Al concentrarse en esos puntos, los libros de texto, según Huisken, pasan por alto los motivos que desembocaron en llegada al poder por parte de los nazis así como la forma en que éstos lograron presentar su ideología de manera atractiva para buena parte de la población.
También la presidenta del Consejo Mundial de los Judíos, Charlotte Knobloch, criticó hace un año que en las clases de historia se le diera poca importancia a la época de la República de Weimar (1918-1933) durante la que se incubaron los gérmenes que dieron origen a la dominación nazi.
«Tenemos que examinar la cuestión de cómo es posible que se llegase al nacionalsocialismo», dijo Knobloch.
Para Huisken y Hutten el problema de ese vacío está en que, según dicen en su investigación, muchos alemanes «no están en condiciones de reconocer posiciones de tinte fascistas, cuando no vienen acompañadas de la cruz gamada y el saludo nazi».
Sin embargo, acontecimientos de los últimos años -como el ostracismo a que ha sido sometida la presentadora de televisión Eva Hermann por defender tesis en política familiar que recordaba la de los nazis- hace pensar que la sensibilidad ha aumentado.
Dejá tu comentario