El conflicto en el Cáucaso se extendía ayer peligrosamente debido al imparable avance de las tropas rusas, no ya en la región separatista georgiana de Osetia del Sur, sino en el propio territorio de Georgia. La Casa Blanca salió en defensa de su aliado y amenazó a Rusia con una dureza que no se recordaba desde el fin de la Guerra Fría: "La agresión no puede quedar sin respuesta", dijo.
El canciller francés, Bernard Kouchner,
visitó ayer al presidente georgiano, el
prooccidental Mijail Saakashvili (en la foto
con chaleco antibalas) en Tiflis (izquierda).
George Bush amenazó a Rusia con un
deterioro de la relación.
Washington, Moscú y Tiflis (EFE, AFP, Reuters, ANSA, DPA) - Rusia ignoró las fuertes críticas internacionales a su dureza en el conflicto armado con Georgia y llevó ayer su ofensiva militar al corazón de ese pequeño país, amenazando incluso a su capital, Tiflis. Ante el curso de los acontecimientos, desatados el fin de semana tras una incursión georgiana contra los separatistas pro rusos de su región de Osetia del Sur, EE.UU. advirtió al Kremlin que la agresión contra su aliado caucásico «no puede quedar sin respuesta» y denunció que su intención última es derrocar al gobierno pro occidental de ese país.
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«Rusia ha invadido un Estado soberano vecino y amenaza a un gobierno democrático elegido por su pueblo. Tal acción es inaceptable en el siglo XXI», dijo ayer George W. Bush en la Casa Blanca, en lo que se consideran sus declaraciones más enérgicas desde el inicio del conflicto, que calificó de «brutal».
«Estas acciones amenazan las relaciones (de Rusia) con Estados Unidos y Europa», precisó el mandatario, que exigió al Kremlin que «acepte el ofrecimiento de paz (de Georgia) como primer paso hacia la solución de este conflicto». El propio Bush había revelado anteriormente que expresó su queja por la «inaceptable» situación al presidente ruso, Dimitri Medvedev, y a su primer ministro y poder detrás del trono, Vladimir Putin, cuando todos coincidieron en Pekín para la apertura de los Juegos Olímpicos.
Pero la declaración más llamativa provino de su vicepresidente, Dick Cheney, líder del ala dura de la administración republicana, quien advirtió que «la agresión rusa no puede quedar sin respuesta». El consejero nacional adjunto para la seguridad nacional, James Jeffrey, fue más allá y no descartó que Estados Unidos pueda prestar ayuda militar a Georgia, según «The Washington Post».
Paralelamente, el Pentágono dijo que ya se completó la retirada de los 2.000 soldados georgianos que prestaban servicio en Irak y que se sumarán a la defensa del país, un gesto interpretado por Moscú como una ayuda norteamericana directa a su aliado.
Pánico
En el plano militar, el presidente georgiano, Mijail Saakashvilli, instó anoche a los habitantes de Tiflis a evitar el «pánico» y aseguró que la capital no está amenazada en lo inmediato por fuerzas rusas.
Las tropas rusas ocupan «la mayor parte del territorio» de Georgia, denunció el mandatario en un mensaje al país. Al mismo tiempo, una fuente del Kremlin, citada por la agencia «Interfax», negó que Moscú se proponga llevar el avance de sus tropas, incluidas dos divisiones acusadas de atrocidades en la guerra en Chechenia, hasta la capital georgiana.
Unidades militares rusas ingresaron el domingo a la noche al puerto georgiano de Poti, sobre el Mar Negro, según dijo el primer ministro de Georgia, Lado Gurghenidze. Sin embargo, no tardó en llegar la desmentida desde Moscú a través del Ministerio de Defensa, como viene ocurriendo desde que se desató la crisis el viernes, cuando Georgia lanzó un ataque masivo contra los independentistas de Osetia del Sur, que tienen apoyo de Moscú. Los choques se habrían cobrado ya más de dos mil vidas y provocado el desplazamiento de 100.000 civiles, según diversas fuentes.
Saakashvilli acusó ayer a Rusia de intentar controlar a su país con el objetivo de dominar la «ruta energética» y aseguró que «la respuesta militar es la única solución para Georgia».
Por su parte, Medvedev afirmó que su país nunca será «un observador pasivo» en el Cáucaso y exigió a Occidente que «no reitere el error de los acuerdos de Munich» de 1938 con la Alemania nazi, que causaron «una tragedia» al mostrarse conciliadores con «el agresor».
Mientras, la Unión Europea avanzaba en una iniciativa de alto el fuego ya aceptada por la parte georgiana, pero resistida por Rusia. Para impulsarla, Nicolas Sarkozy, presidente de turno de la UE, se reunirá hoy en Moscú con el presidente Medvedev, y luego acudirá a Tiflis, donde se entrevistará con Saakashvilli. El plan pide un cese inmediato de las hostilidades, el retiro de las fuerzas rusas y georgianas de Osetia del Sur y conversaciones de paz entre ambas partes sobre el fondo del conflicto en esa región separatista. El Grupo de los Siete (G-7) y la OTAN se sumaron al repudio a Moscú, a la vez que el Consejo de Seguridad de la ONU preparaba una reunión para tratar la crisis.
El secretario general de la OTAN, Jaap de Hoop Scheffer, se declaró «en extremo preocupado por el uso desproporcionado de violencia y la falta de respeto a la integridad territorial de Georgia», según declaró una portavoz en Bruselas.
La Alianza Atlántica celebrará hoy en Bruselas una reunión extraordinaria convocada por Georgia, país de gobierno pro occidental y candidato patrocinado por EE.UU. para sumarse a la Alianza Atlántica, para tratar el caso.
También la Comisión Europea, órgano ejecutivo de la UE, reclamó a Rusia «que termine con toda actividad militar en territorio georgiano», según una portavoz. «Los acontecimientos recientes, como por ejemplo el traspaso de las fronteras georgianas por parte de tropas rusas, modificaron la dimensión del conflicto», añadió.
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