La Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba ratificó este jueves un amplio paquete de reformas económicas impulsado por el gobierno de Miguel Díaz-Canel, apenas un día después de recibir el aval del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC). La rapidez con la que avanzó la iniciativa reflejó la urgencia de una economía golpeada por la escasez, los apagones y la caída de la actividad productiva.
La aprobación se produjo menos de una semana después de que las medidas fueran anunciadas oficialmente, un plazo excepcional. Se trata de un movimiento inusual para los estándares políticos de la isla.
Un cambio de discurso en Cuba
Durante la reunión del Comité Central, Díaz-Canel pronunció uno de los discursos más críticos desde que asumió el poder. El mandatario reconoció que parte de los problemas que enfrenta el país tienen origen interno y no exclusivamente externo.
“Hay obstáculos que no vienen de afuera, ni del bloqueo”, afirmó el dirigente cubano, quien apuntó contra “la lentitud, la burocracia y las normas que impiden a quienes quieren producir”.
La declaración marcó un giro respecto de la narrativa tradicional del régimen, que históricamente atribuyó la mayor parte de las dificultades económicas al embargo estadounidense vigente desde 1962.
Las principales reformas aprobadas
El programa contempla transformaciones en distintos sectores de la economía. Entre los puntos más destacados aparece una mayor autonomía para las empresas estatales y los gobiernos municipales, medidas destinadas a flexibilizar la toma de decisiones y mejorar la productividad.
También se incluyeron iniciativas orientadas a reactivar la producción agropecuaria, facilitar operaciones de comercio exterior y reformular el esquema de asistencia social.
Uno de los cambios más significativos es la posibilidad de que los cubanos residentes en el exterior puedan invertir en igualdad de condiciones con empresas estatales y capitales extranjeros, una alternativa que hasta ahora no estaba contemplada formalmente.
Además, el plan prevé una reducción de estructuras ministeriales y una transformación del sistema de subsidios, que dejaría de ser generalizado para concentrarse en sectores considerados vulnerables.
Durante la presentación de las medidas, Díaz-Canel mencionó a China y Vietnam como ejemplos de países que lograron introducir mecanismos de mercado sin modificar el esquema de partido único.
La referencia no fue casual. Ambos países desarrollaron profundas reformas económicas durante las últimas décadas, manteniendo al mismo tiempo un férreo control político.
Según explicó el economista Carmelo Mesa-Lago, las empresas estatales continúan concentrando alrededor del 80% de la actividad económica cubana, una estructura que el Gobierno busca modernizar sin abandonar el modelo socialista.
El respaldo de Raúl Castro
Las reformas también recibieron el apoyo de Raúl Castro, quien a sus 95 años permanece como una de las figuras más influyentes del sistema político cubano pese a haberse retirado formalmente de los cargos públicos en 2021.
A través de una carta leída ante el Comité Central, el exmandatario consideró que las medidas resultarán beneficiosas para el país. Por su parte, el primer ministro Manuel Marrero buscó despejar dudas sobre el alcance de los cambios y aseguró que las reformas “no implican en ningún sentido renunciar a la responsabilidad social del Estado”.
La aceleración del proceso reformista se produce en un contexto particularmente delicado para la economía cubana. La isla atraviesa una de sus crisis más profundas en décadas, agravada por las restricciones energéticas y las dificultades para acceder a financiamiento e inversiones.
Entre los principales problemas figuran los prolongados cortes de electricidad, que en algunas regiones alcanzaron hasta 30 horas consecutivas, además de la escasez de alimentos, medicamentos y agua potable.
Raúl Castro.jpg
Raúl Castro dio su aval para las medidas.
Arhivo
A esto se sumó la salida de empresas vinculadas al turismo, el transporte marítimo y el sistema financiero internacional, situación que profundizó las dificultades para generar divisas.
El deterioro económico también se reflejó en manifestaciones espontáneas y cacerolazos registrados en distintos barrios de La Habana, una imagen poco habitual dentro del sistema político cubano.
La presión de EEUU
El contexto internacional también aparece como un factor determinante detrás de la decisión de acelerar las reformas. La administración encabezada por Donald Trump incrementó la presión sobre La Habana y condicionó una eventual mejora en la relación bilateral a la implementación de cambios económicos y políticos.
En ese marco, el vicepresidente estadounidense JD Vance sostuvo que Washington sigue de cerca los movimientos del Gobierno cubano.
“Si toman decisiones inteligentes, vamos a tener una relación mucho mejor con esa isla”, afirmó el funcionario. Las declaraciones fueron interpretadas como una señal de que la Casa Blanca evaluará el alcance real de las reformas antes de definir nuevos pasos en la relación con Cuba.
Mientras el Gobierno apuesta a que las medidas permitan reactivar la economía, gran parte de la población observa los anuncios con cautela.
“Es una mentira, llevamos 67 años así y cada día empeora”, expresó Iris, una trabajadora de 58 años afectada por los cortes de energía, en declaraciones recogidas por medios locales.
En contraste, algunos sectores privados recibieron las novedades con moderado optimismo. “Ofrecen una oportunidad que puede o no materializarse”, señaló Mario González, gerente de un restaurante de La Habana.
La incógnita ahora pasa por la velocidad de implementación. Aunque las reformas fueron aprobadas en tiempo récord, el desafío será traducirlas en resultados concretos dentro de una economía que acumula años de deterioro y cuya recuperación dependerá tanto de las decisiones internas como del escenario internacional.