5 de agosto 2026 - 17:20

La IA sigue siendo un imán de dólares: absorbe más de la mitad de la inversión global del capital de riesgo

Pese a las críticas por el avance sin control de la IA y las dudas sobre su rentabilidad, los fondos de inversión el mes pasado destinaron sumas récord a las startup enfocadas en esta tecnología.

Anthopic, la dueña de Claude AI, protagonizó la mayor ronda de inversión del semestre con u$s65.000 millones.

Anthopic, la dueña de Claude AI, protagonizó la mayor ronda de inversión del semestre con u$s65.000 millones.

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Mientras emergen nuevos cuestionamientos al avance descontrolado de la inteligencia artificial, los fondos de venture capital siguen apostando cantidades cada vez mayores de dinero en este segmento.

Durante julio de 2026, las startups de todo el mundo recibieron u$s65.000 millones de inversión, el doble que en julio del año pasado y el tercer mayor volumen mensual del año, según un relevamiento de la plataforma de inteligencia predictiva Crunchbase.

De ese total, u$s35.000 millones, equivalentes al 53%, fueron destinados a compañías enfocadas en inteligencia artificial.

El mes también marcó un récord por la cantidad de operaciones de escala extraordinaria: 14 startups levantaron rondas de al menos u$s1.000 millones, la mayor cantidad registrada en un solo mes.

Nueve de esas compañías tienen sede en Estados Unidos, dos en Alemania, dos en China y una en Singapur.

En conjunto, el resultado confirma que el mercado de capital de riesgo ingresó en una etapa dominada por las llamadas mega-rondas, en la que los fondos concentran sus apuestas en compañías que consideran capaces de convertirse en líderes de una categoría.

La operación más grande de julio no fue estrictamente de IA: Blue Origin, la compañía espacial de Jeff Bezos, recibió u$s10.000 millones en lo que fue su primera ronda de financiamiento externo.

Pero inmediatamente detrás apareció una de las operaciones que mejor refleja el apetito por la nueva generación de compañías de IA: Safe Superintelligence, el laboratorio creado por el ex científico jefe de OpenAI, Ilya Sutskever, consiguió unos u$s5.000 millones, con participación de Nvidia.

El tercer lugar correspondió a Moonshot AI, el laboratorio chino detrás de la familia de modelos de IA Kimi, que levantó u$s3.500 millones después del lanzamiento de su nuevo modelo Kimi K3.

La siguió Kling AI, también de China, con una ronda de u$s2.800 millones destinada a desarrollar su tecnología de generación de videos cortos.

La inversión de riesgo bate récords

Los números del primer semestre ya habían anticipado este escenario. Según un informe de KPMG, el venture capital global acumuló u$s560.400 millones durante los primeros seis meses de 2026.

Este fue el nivel más alto en cinco años y se ubicó cerca del récord anual de u$s750.900 millones alcanzado en 2021.

Solo durante el segundo trimestre se invirtieron u$s227.400 millones en 8.440 operaciones, y las diez mayores transacciones concentraron u$s105.000 millones.

La mayor fue la ronda de u$s65.000 millones de Anthropic, seguida por Prometheus, con u$s12.000 millones, y DeepSeek, con unos u$s7.400 millones.

En julio, además, el dinero comenzó a recorrer toda la cadena de valor de la IA. La startup de infraestructura energética Joulent recibió una financiación de alrededor de u$s1.750 millones, mientras que otras compañías vinculadas con infraestructura de cómputo, chips y centros de datos también captaron operaciones de gran tamaño.

En paralelo, Helsing y Quantum Systems, ambas alemanas y vinculadas al desarrollo de tecnología para defensa, superaron el umbral de los u$s1.000 millones, una señal de que el capital tecnológico está empezando a converger con la carrera por la autonomía militar.

Inversión e ingresos no crecen al mismo ritmo

La concentración de fondos destinados a tecnología, y en especial a la IA, tiene una contracara. Mientras las compañías de IA capturaron el 53% del venture capital mundial de julio, otros segmentos tecnológicos quedaron compitiendo por una porción mucho menor de los fondos.

Pero esto también alimenta una contradicción básica en la implementación de inteligencia artificial entre las empresas: el crecimiento de los ingresos no acompaña la velocidad con la que aumentan las inversiones.

Ese es precisamente uno de los principales cuestionamientos que recibió el sector durante las últimas semanas.

En los mercados financieros comenzó a crecer la preocupación por la posibilidad de que el gasto de las grandes tecnológicas en infraestructura de IA esté avanzando más rápido que la capacidad de generar retornos.

Un análisis de Reuters señaló que algunos inversores están posicionándose para una eventual desaceleración del gasto de los grandes proveedores de nube, mientras aumenta la preocupación por las valuaciones de las compañías vinculadas con chips y por la sustentabilidad de sus ingresos.

El problema no es solamente bursátil. Fitch advirtió a fines de julio que el boom de la IA y el riesgo de una corrección del mercado se están convirtiendo en riesgos relevantes para el crédito global, precisamente porque las valuaciones tecnológicas y el volumen de inversión en infraestructura están creciendo a un ritmo que podría superar los retornos futuros.

Una señal de alerta se encendió desde Alphabet, la dueña de Google. La compañía registró durante el segundo trimestre un flujo de caja negativo de u$s5.900 millones, mientras incrementaba fuertemente sus inversiones para sostener la carrera de IA.

La IA sigue sumando cuestionamientos

Mientras la inversión no deja de crecer, las críticas a la implementación de inteligencia artificial se están volviendo cada vez más frecuentes y abarcan enfoques diversos, desde la lógica contable hasta cuestiones de impacto social y ambiental.

Hace apenas una semana, más de 1.200 empleados de las principales tecnológicas de Estados Unidos, como OpenAI y Anthropic, entre otras, firmaron un documento en el que exigieron al gobierno frenar el desarrollo descontrolado de la inteligencia artificial, regular el sector y evitar que la tecnología supere la capacidad humana de control.

En concreto, le pidieron a Donald Trump que lidere un "esfuerzo internacional para desarrollar las herramientas técnicas y de gobernanza necesarias para marcar el ritmo de forma deliberada del desarrollo de la IA automatizada".

"Para aprovechar el potencial de la IA, la industria, los gobiernos y la sociedad en general podrían necesitar la posibilidad de ganar tiempo para abordar los riesgos emergentes, desarrollar medidas de seguridad y reforzar la supervisión", plantea el documento.

La discusión también se trasladó al terreno energético. La Agencia Internacional de Energía estima que un centro de datos orientado a IA puede consumir tanta electricidad como unas 100.000 viviendas, mientras que los mayores complejos actualmente en construcción podrían demandar hasta 20 veces esa cantidad.

Otro frente de cuestionamientos está relacionado con el empleo. La discusión dejó de centrarse exclusivamente en las profesiones que podrían desaparecer y empezó a enfocarse también en la forma en que las empresas están reorganizando sus estructuras.

Durante 2026 numerosas compañías anunciaron reducciones de personal vinculadas con automatización, eficiencia e incorporación de herramientas de IA, alimentando el debate sobre si las ganancias de productividad terminarán generando nuevos puestos de trabajo o si, por el contrario, desplazarán una cantidad significativa de empleos.

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