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18 de mayo 2006 - 00:00

Aprueban en EE.UU. muro en frontera

La inmigración ilegal es un problema cada vez más candente en el mundo. El Senado de los EE.UU. aprobó ayer la construcción de un muro de 595 kilómetros de extensión en la frontera con México. Mientras se aplican otras políticas que no siempre son efectivas para alcanzar una inmigración ordenada, la elevación de barreras físicas es decidida en forma creciente por muchos países. Lo hizo hace años España, en sus enclaves africanos de Ceuta y Melilla en el límite con Marruecos. También Israel, aunque en su caso para defenderse de atentados de palestinos. Ahora los EE.UU. prolongan un muro ya existente en el Sur. Polémico, pero en ocasiones, inevitable.

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El muro de cientos de kilomómetros que dividirá parte de la frontera entre EE.UU. y México ya fue construido en un primer tramo, donde coinciden las ciudades homónimas de Nogales.
Washington (EFE, AFP, Reuters, ANSA) - El Senado de EE.UU. aprobó ayer una enmienda al proyecto de reforma migratoria que ordena la construcción de un muro de 600 kilómetros y vallados en 800 km en la frontera con México, mientras avanzan las negociaciones entre oficialismo y oposición para terminar de poner a punto un texto que pueda ser finalmente aprobado.

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La enmienda, presentada por el senador republicano Jeff Sessions, de Alabama, es considerada una victoria de los sectores más duros frente a la inmigración ilegal y fue aprobada por 83 votos a favor y 16 en contra.

Los vallados, dijo Sessions, «enviarán la señal de que los días de fronteras abiertas se acabaron». Según Sessions, «buenos vallados hacen buenos vecinos; malos vallados hacen malos vecinos».

Otra enmienda, presentada por los senadores republicanos Jon Kyl, de Arizona, y John Cornyn, de Texas, y modificada en sucesivas negociaciones con los demócratas, estableció que los inmigrantes indocumentados con prontuario criminal no podrán solicitar la residencia en este país.

Y, en otra de las votaciones de la intensa jornada legislativa, la Cámara alta rechazó por 66-33 una enmienda que pretendía remover la posibilidad de que los inmigrantes indocumentados que viven en Estados Unidos desde hace más de dos años puedan solicitar la ciudadanía norteamericana.

Las enmiendas forman parte de la intensa revisión que está sufriendo el proyecto de reforma migratoria, con la intención de satisfacer a los sectores que quieren regularizar la situación de los cerca de 12 millones de indocumentados y de los más duros, que quieren reforzar los controles fronterizos.

Un proyecto acordado entre demócratas y republicanos fracasó a último momento en abril último en el Senado.

Luego, las masivas marchas a favor de los derechos de los inmigrantes sin papeles del 1 de mayo recalentaron el clima de debate político en el país.

Con el impulso de George W. Bush, el Senado está ahora tratando de definir un proyecto de ley con menos concesiones a los inmigrantes ilegales, mayores normas para la seguridad en la frontera y la inclusión del programa de « trabajadores invitados» que pretende instalar el gobierno.

Los avances en el Senado fueron saludados por la Casa Blanca, cuyo vocero, Tony Snow, dijo que en la sede presidencial están «felices» por la «considerable velocidad» con que los senadores «están poniendo juntos a punto una posición integral» frente al tema de la inmigración ilegal. Estos deberán ahora lograr una postura común con la Cámara baja, que había aprobado un proyecto más duro, que según sus críticos «criminalizaba» la inmigración clandestina.

El lunes último, a través de un discurso transmitido por televisión a todo el país en horario central, Bush presentó sus nuevas medidas para controlar los flujos migratorios. El presidente anunció entonces el envío de hasta 6.000 soldados de la Guardia Nacional a la frontera con México, pero, al mismo tiempo, dejó una puerta abierta a la regularización de los inmigrantes indocumentados que tienen «raíces» en EE.UU.

En ese marco, el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, indicó ayer que los miles de soldados que serán enviados a la frontera podrán aprovechar ese despliegue, de dos o tres semanas, como un « entrenamiento» frente a «situaciones reales».

  • Rechazo mexicano

    Mientras tanto, desde el otro lado del límite, los senadores mexicanos exigieron al presidente, Vicente Fox, que rechace la «militarización» de la frontera durante la visita de trabajo que hará la próxima semana a EE.UU.

    Al aprobar el viaje de Fox a los estados de Utah, Washington y California, los legisladores pidieron al mandatario que exprese el «rechazo de los mexicanos» al anuncio de la Casa Blanca, dijo el senador Raymundo Cárdenas. Bajo presión, Fox se limitó a señalar su comprensión ante el envío de soldados a la frontera.

    Las enmiendas del Senado coincidieron ayer con una marcha nacional por la legalización de los indocumentados, en la que participaron un millar de personas, una cifra muy inferior a las protestas de los últimos meses.
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