Colombia sufrió dos ataques con explosivos durante la madrugada del sábado, un día después de que el conservador Abelardo de la Espriella asumiera la Presidencia y prometiera combatir “sin tregua al narcoterrorismo”. Los hechos dejaron un policía muerto y varias personas heridas, y volvieron a exponer la actividad de los grupos armados que operan en distintas regiones del país.
El primero de los ataques ocurrió en un peaje en construcción sobre la carretera Panamericana, en el municipio de Santander de Quilichao, departamento del Cauca. Según informó el Ejército, disidentes de las FARC comandados por alias Iván Mordisco destruyeron la estructura con explosivos y dejaron a dos guardias de seguridad con heridas leves.
El segundo hecho se registró en el departamento del Cesar, en el norte del país, donde un policía murió durante un ataque con drones cargados de explosivos contra una estación policial. Hasta el momento, las autoridades no identificaron al grupo responsable de este último atentado.
La investidura y la promesa de mano dura
De la Espriella había asumido el cargo el viernes en Cali, donde durante su discurso de posesión se comprometió a enfrentar con firmeza al narcotráfico y a poner fin a las negociaciones de paz con los principales grupos armados que operan en el país. El nuevo mandatario anunció además que intensificará los bombardeos contra las organizaciones armadas, con apoyo de Israel y Estados Unidos, y planteó la construcción de megacárceles.
Tras los ataques del sábado, De la Espriella se pronunció a través de su cuenta en la red social X. “Atacar la infraestructura del país es atacar el progreso”, sostuvo, y agregó: “A los responsables les envío un mensaje claro: no habrá refugio, no habrá contemplaciones y no habrá impunidad”.
El antecedente de Cúcuta
Los atentados del fin de semana se dieron una semana después de otro ataque con explosivos registrado en Cúcuta, a unos 400 kilómetros de Bogotá y cerca de la frontera con Venezuela. El 1 de agosto, seis días antes de la investidura, rebeldes del Ejército de Liberación Nacional (ELN) detonaron un camión bomba junto a una estación de policía en esa ciudad, en el departamento de Norte de Santander. El estallido, seguido por el lanzamiento de otros artefactos explosivos en la zona, dejó al menos once heridos, entre ellos ocho policías y tres civiles.
Norte de Santander es un departamento con fuerte presencia de grupos armados ilegales, entre ellos el ELN y las disidencias de las FARC. La sucesión de ataques, antes y después del cambio de gobierno, ilustra el desafío de seguridad que enfrenta la nueva administración en su primera semana de gestión.